Reseña: los tratados de Jewel sobre la Escritura y los sacramentos
Por Adam Hunter
Publicado el · 8 min de lectura
Artículo de Anglican Compass, traducido y publicado aquí con su permiso. Original en Anglican Compass: Book Review: Jewel’s Treatises on Scripture and the Sacraments (en inglés)
Una de las figuras menos conocidas, pero de más influencia, de la Reforma inglesa fue John Jewel (en inglés), obispo de Salisbury desde 1559 hasta su muerte en 1571. Su obra más famosa fue su defensa de la Iglesia de Inglaterra reformada frente a sus adversarios romanistas, conocida como la Apología de la Iglesia Anglicana. ¡Se la tuvo en tan alta estima que con el tiempo se envió a todas las parroquias de Inglaterra! Jewel fue el editor del Segundo libro de Homilías y de la versión final de los Treinta y Nueve Artículos de Religión (1571). Fue también el mentor de Richard Hooker (en inglés), que llegó a ser uno de los teólogos más fecundos de Inglaterra y que llamó a Jewel «el teólogo más digno que la cristiandad ha producido en algunos cientos de años».
Una joya recuperada
Sin embargo, se conocen menos su Tratado sobre la Sagrada Escritura y su Tratado de los sacramentos, sobre dos asuntos que, por supuesto, se debatieron mucho durante la Reforma. Ahora, gracias al trabajo del padre Andrew Brashier, podemos leer los dos tratados juntos en un volumen bien hecho, con el acertado título de Treatises on Scripture and the Sacraments («Tratados sobre la Escritura y los sacramentos»).
En el segundo de los tratados, el obispo Jewel recuerda a sus oyentes: «No busco asombrarlos… ni tampoco busco con ello mi propia gloria», sino que busca «cumplir con nuestra conciencia y decir la verdad, para que seamos irreprensibles en el día de nuestro Señor» (93). Del mismo modo, con el espíritu de Jewel, Brashier nos dice en su prólogo: «Me apoyo en hombros de gigantes… me limito a publicar la obra original [de Jewel], y lo hago con las notas y referencias de editores anteriores… añadiendo una versión del texto ligeramente modernizada» (X). Todos deberíamos procurar ser así de humildes al recuperar y leer a los grandes hombres de Iglesia que nos precedieron.nota del editor E1
Sobre la Sagrada Escritura
En el primer tratado, que se «recogió de ciertos sermones… predicados en Salisbury», Jewel nos ofrece una comprensión plenamente reformada del papel de la Sagrada Escritura (en inglés). Al principio afirma con sencillez: «Las Escrituras son “la palabra de Dios”. ¿Qué título puede haber de mayor valor?» (5).
Compara las Escrituras con el sol, porque «traen luz a nuestros caminos, consuelo a todas las partes de nuestra vida y salvación a nuestras almas… para que veamos mejor el camino por el que hemos de andar, mi intención es mostrarles con verdad, con llaneza y con brevedad qué autoridad y majestad tiene la “palabra de Dios”…» (5). O, en pocas palabras: «Los cristianos que desean conocer la verdad sobre la que puedan edificar su fe no tienen otro refugio que probarla y aprenderla por las Escrituras» (20).
Y habla también de su permanencia:
Durante tantos miles de años, la palabra de Dios pasó por tantos peligros de tiranos, de fariseos, de herejes, del fuego y de la espada, y aun así continúa y sigue en pie hasta hoy, sin que se altere ni cambie una sola letra. Esta fue una obra maravillosa de Dios… Ninguna criatura podía hacer esto; fue obra de Dios. (9-10)
Jewel remite a los grandes padres y doctores de la Iglesia, y muestra que veían en las Escrituras su autoridad última, «necesarias e indispensables… en todo el curso de nuestra vida» (35). Dicho de otro modo, incluso la alta autoridad de los padres de la Iglesia se inclina ante la autoridad de las Escrituras. Así lo dice san Agustín, a quien Jewel cita: «No pesamos los escritos de ningún hombre, por dignos y católicos que sean, como pesamos las Escrituras canónicas» (26).
Jewel no dice nada de las Escrituras que cualquier buen protestante no sepa y crea ya, pero, por la manera cautivadora en que expresa su comprensión del principio de sola scriptura, su lectura todavía puede ser valiosa y servir para renovar nuestra confianza y nuestra entrega a este principio vital de la Reforma.
De los sacramentos
Dadas las disputas sobre los sacramentos que llevan siglos en curso (tanto dentro del anglicanismo como en el protestantismo en su conjunto), es probable que el segundo tratado de Jewel sea el que más interese a los lectores.
Jewel divide el tratado en cuatro partes básicas:
- De los sacramentos en general
- Del bautismo
- Del cuerpo y la sangre de Cristo
- Otros ritos sagrados de la Iglesia
San Agustín es famoso por describir los sacramentos como «un signo visible de una gracia invisible». Jewel recoge esa misma idea:
«Un sacramento es un signo externo y visible por el cual Dios sella su gracia en nuestros corazones, para confirmación de nuestra fe» (61).
Con el ejemplo de la circuncisión de Israel, sostiene que esto no es nada nuevo. El Creador siempre ha obrado en la criatura y por medio de ella.
Jewel se toma también el tiempo de tratar los otros ritos sagrados de la Iglesia: la confirmación (en inglés), el matrimonio (en inglés), las órdenes, la penitencia (en inglés) y la unción de los enfermos (en inglés). No llega a llamarlos sacramentos, aunque admite que en su tiempo había muchos que sí los llamaban así. Por su parte, sostiene que no fueron instituidos por Cristo y que, por tanto, no deben verse del mismo modo que el bautismo y la Santa Comunión.
Citas escogidas
Sobre los sacramentos (en inglés) en general:
Sabemos que Cristo dejó sus sacramentos a su Iglesia para que fueran ayudas que nos elevaran al cielo. Por ellos somos unidos a Cristo y hechos partícipes de su pasión. (95)
Sobre el bautismo (en inglés):
Los que son lavados en esa agua [la del bautismo] reciben el perdón de los pecados: sus ropas quedan limpias en la sangre del Cordero. El agua por sí misma no es nada; pero, por la obra del Espíritu de Dios, con ella se nos aseguran la muerte y los méritos de nuestro Señor y Salvador Cristo. (74)
Sobre el bautismo de los niños:
Los niños son parte de la Iglesia de Dios: son ovejas de Cristo y pertenecen a su rebaño; ¿por qué no deberían llevar la marca de Cristo? Tienen la promesa de la salvación; ¿por qué no deberían recibir el sello por el cual se les confirma esa promesa? (72)
Sobre la Santa Comunión:
Así también vemos el pan y el vino, pero con los ojos de nuestro entendimiento miramos más allá de estas criaturas; extendemos nuestros sentidos espirituales hasta el cielo y contemplamos el rescate y precio de nuestra salvación. En el sacramento no contemplamos lo que es, sino lo que significa… No va a la boca ni al vientre, sino solo al alma; y alimenta la mente por dentro, como la otra alimenta el cuerpo por fuera. (94)
Relación con los Treinta y Nueve Artículos
Jewel estuvo muy ligado a los reformadores que escribieron los Treinta y Nueve Artículos de Religión, y fue el editor de los Treinta y Nueve Artículos en su forma final (1571). Si prestamos atención, podemos oír ecos de los Artículos a lo largo de estos tratados. Aquí van tres ejemplos.
En primer lugar, sobre los sacramentos, Jewel afirma:
¿Qué? ¿No son más que meros y desnudos signos? ¡De ninguna manera! Son los sellos de Dios, señales celestiales y signos de la gracia… imputadas a nosotros. (65)
Esto (junto con las citas de arriba) se parece mucho al lenguaje del artículo XXV, que dice: «Los sacramentos ordenados por Cristo no son solamente insignias o señales de la profesión de los cristianos, sino más bien ciertos testimonios seguros, y signos eficaces de la gracia…».
Del mismo modo, su lenguaje sobre la Cena del Señor recuerda al artículo XXVII, que dice que «el cuerpo de Cristo se da, se toma y se come en la Cena solamente de una manera celestial y espiritual». Jewel dice:
Sería imposible que su cuerpo natural, recibido naturalmente, bastara a todo el mundo; para hacerles ver que no quería decir eso, habla de su subida al cielo. Así pues, cada uno lo recibe espiritualmente, y lo digiere, y Él se convierte en el alimento de todo el mundo. (99-100)nota del editor E2
Por último, en medio de su exposición sobre los sacramentos, Jewel nos deja ver otro aspecto de su teología:
Dios tiene su designio sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Antes de que nazcamos, cuando aún no hemos hecho ni bien ni mal, Él tiene misericordia y compasión de nosotros. El juicio pertenece a Dios. Él conoce a los que son suyos. (77)
El artículo XVII afirma: «La predestinación para la vida es el propósito eterno de Dios, por el cual, antes de que se pusieran los fundamentos del mundo, ha decretado con firmeza, por su consejo, secreto para nosotros, librar de la maldición y de la condenación a aquellos que ha escogido en Cristo de entre el género humano, y llevarlos por Cristo a la salvación eterna, como vasos hechos para honra».
Conclusión
Dado el papel que Jewel tuvo en el Acuerdo isabelino y en la formulación de los Treinta y Nueve Artículos, creo que estos Tratados —junto con su Apología— deberían ser lectura obligada para cualquiera que se interese por la Reforma inglesa (o por la Reforma protestante en su conjunto). Y esta versión en particular es una manera agradable de leerlos. ¡Gracias, padre Andrew, por darnos este magnífico recurso anglicano!
Puede comprar un ejemplar de Treatises on Scripture and the Sacraments, de John Jewel (edición de Andrew Brashier) en Amazon.
Notas
Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.
Las citas del Tratado de los sacramentos van con la letra de nuestra edición española: John Jewel, Tratado de los sacramentos (Escritos anglicanos, 2026). Las páginas entre paréntesis son las de la edición de Brashier que aquí se reseña. En la nuestra son estas: 61 → p. 2; 65 → p. 6; 72 → p. 14; 74 → p. 17; 77 → pp. 20-21; 93 → p. 40; 94 → p. 41; 95 → p. 42; 99-100 → p. 47. Las citas del tratado sobre la Escritura se traducen del inglés del autor. Volver al texto (nota del editor E1)
Esas palabras son del artículo XXVIII («De la Cena del Señor»). El artículo XXVII trata del bautismo. Volver al texto (nota del editor E2)