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¿Qué creen los anglicanos sobre el santo bautismo?

Por The Anglican Pastor

Publicado el · 8 min de lectura

Artículo de Anglican Compass, traducido y publicado aquí con su permiso. Original en Anglican Compass: What do Anglicans Believe about Holy Baptism? (en inglés)

Un ministro con toga negra bautiza a un niño de pecho que sostiene su madre, ante la familia reunida en casa
El bautizo, George Harvey, década de 1830. Dominio público. Ver en Wikimedia Commons: El bautizo

Todos los cristianos, no solo los anglicanos, deberían confiar en su bautismo, con tal de que crean que el bautismo (en inglés) es algo que Dios hace en nosotros y por nosotros, no algo que hacemos nosotros. ¡Y así es exactamente como veían este sacramento (en inglés) la Iglesia primitiva y los reformadores!

Dios trae a las personas al agua del bautismo. Envía su Espíritu Santo a sus vidas por medio del agua del bautismo. Cristo es quien bautiza. Los que reciben el bautismo deben recibirlo como de manos del mismo Cristo. El que bautiza lo hace en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y no en su propio nombre.

Esta «fórmula bautismal», que invoca el nombre de la Santa Trinidad, la dio Cristo a los apóstoles (en inglés), y deja muy claro desde el comienzo de la Iglesia que el bautismo no es una mera ceremonia. Dios obra en su pueblo para añadir un nuevo miembro al Cuerpo de Cristo.

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

— Mateo 28:19-20

El artículo XXVII de los Treinta y Nueve Artículos

Los anglicanos procuran mantenerse fieles a las enseñanzas de la Iglesia primitiva y de los reformadores en lo que piensan del santo bautismo. El artículo XXVII lo explica así; lo he puesto en forma de lista de viñetas.

El bautismo no es solamente un signo de profesión y una señal de diferencia, por la cual se distingue a los cristianos de los demás que no están bautizados, sino que es también un signo de la regeneración o nuevo nacimiento, por el cual, como por un instrumento,

- los que reciben rectamente el bautismo son injertados en la Iglesia; - las promesas del perdón del pecado y de nuestra adopción para ser hijos de Dios por el Espíritu Santo son visiblemente señaladas y selladas; - la fe es confirmada - y la gracia aumentada en virtud de la oración a Dios.

El bautismo de los niños pequeños debe conservarse sin falta en la Iglesia, por ser sumamente conforme con la institución de Cristo.

— Treinta y Nueve Artículos de Religión, artículo XXVII, Libro de Oración Común de 1662

La Iglesia acepta el bautismo como la iniciación en la Iglesia una, santa, católica (en inglés) y apostólica. Es el instrumento (o medio) verdadero que Dios usa para traer a las personas al Cuerpo de Cristo.

Fundamento bíblico

Pablo escribe esto en su carta a los Colosenses:

sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.

— Colosenses 2:12

Pablo explicó a los romanos que el bautismo es el medio por el que somos sepultados con Cristo:

Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

— Romanos 6:4

Jesús dice en Juan 3:5 que entramos en el reino de los cielos naciendo «de agua y del Espíritu».

San Pedro desarrolla esto y predica un bautismo para el perdón de los pecados, que nos da el don del Espíritu Santo:

Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. […] El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo…nota del editor E1

— Hechos 2:38; 1 Pedro 3:21

Por eso nuestra liturgia del bautismo habla de regeneración, de adopción como hijos de Dios, de nuevo nacimiento y del signo y sello del Espíritu Santo (en inglés). La Iglesia recibió el bautismo como el medio que Cristo nos mandó usar para incorporar a nuevos cristianos. Por eso, los anglicanos aceptan a una persona bautizada como cristiana y como miembro de la Iglesia de Cristo, nuestro Señor Jesús.

Una posible confusión

Esto puede confundir, porque suena como si los anglicanos creyeran que el acto del bautismo da a la Iglesia o al presbítero el poder de salvar a las personas. Con todo, los anglicanos creen, con el resto de la Iglesia cristiana, que solo Dios salva.

Puede parecer que esta Iglesia cree que el agua del bautismo es un agua mágica de salvación: basta derramarla para tener una especie de «seguro contra incendios» para la salvación, y los bautizados tienen ya un derecho sobre la gracia de Dios que él está obligado a respetar. Ahí es donde entra en juego la última línea de la lista del artículo XXVII.

En el bautismo, la fe no se crea, sino que se confirma. En el bautismo, la gracia no se crea, sino que se aumenta por la oración. Esto muestra dos cosas. Nosotros, la Iglesia, debemos recibir a los nuevos cristianos por el bautismo, tratar como cristianos a los bautizados e incluso asociar al bautismo la regeneración y el perdón. Pero lo hacemos dejando a la vez en manos de Dios el origen o la presencia de la fe y de la gracia. Cuando bautizamos, confiamos en la misericordia y la gracia de Dios y en su promesa del perdón de los pecados.

Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.

— Hechos 22:14-16

«Nacer de nuevo» y «conversión»

Una manera de entender esto es distinguir entre «nacer de nuevo» (y recibir el Espíritu Santo y el perdón de los pecados) y la «conversión». La conversión del corazón es una experiencia muy personal, real e importante. Puede ser un momento único o toda una vida de conversiones.

El bautismo no vuelve necesariamente hacia Cristo nuestro corazón y nuestra mente. Estamos llamados a buscar al Espíritu Santo. Algunos evangélicos oyen nuestro rito bautismal y piensan que damos a entender que no hace falta una conversión personal, porque muchos evangélicos asocian la expresión «nacer de nuevo» con la conversión personal.

Sin embargo, para ser tan bíblicos como sea posible, creemos que es en el bautismo donde una persona nace de nuevo. Pero creemos que la conversión personal es también obra de Dios, que debemos buscar y hallar por su gracia.

La teología del bautismo

La teología que hay detrás del bautismo sostiene esta visión matizada, pero sencilla. La visión anglicana es propia de la Reforma, porque afirma que el fundamento del bautismo es el nuevo pacto que Dios ha establecido con su pueblo por medio de Cristo.

Pablo nos dice que es un pacto de gracia: un don de Dios al hombre, dado gratuitamente y sin mérito alguno, en el que Dios nos asegura que ha dispuesto lo necesario para nuestra salvación y que aplicará esa salvación a quienes tienen fe en Cristo. Él da el don de la fe y vuelve los corazones hacia sí.

Para dar una seguridad objetiva, compartida y de gran peso de esta realidad, Dios nos da un signo, que es el agua del bautismo. Pablo nos dice que este signo corresponde al signo del antiguo pacto con Israel, la circuncisión (en inglés) (Colosenses 2:11-13). Así como se circuncidaba a los niños hebreos, se bautiza a los nuevos cristianos. Esta teología explica por qué el bautismo produce eficazmente lo que significa, no por el poder ni por la voluntad de la persona o de la comunidad, sino por la gracia segura de Dios en Cristo.

En el bautismo, el creyente ha de confiar en que Dios le ha dado el signo y sello del Espíritu Santo, lo ha perdonado y le ha asegurado su amor. Dios ha estampado su nombre sobre su vida. Ha marcado al creyente como suyo y ha confirmado públicamente su fe. Nuestro bautismo nos compromete como siervos suyos, pueblo suyo y amigos suyos. Esta gracia se nos da; no la tomamos por nuestra cuenta.

Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. […] porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

— 1 Corintios 12:13; Gálatas 3:27-29

El bautismo consuela al pueblo de Dios. Sirve de garantía y de seguridad concreta de que Dios ha mostrado su amor (en inglés) por medio del nuevo pacto. Deberíamos confiar en nuestro bautismo, creer que es un don de Dios y renovar a menudo nuestra fe en Dios.

Notas

Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.

  1. El original dice «1 Pedro 3.2»; el pasaje citado es 1 Pedro 3:21. Volver al texto (nota del editor E1)

Original: What do Anglicans Believe about Holy Baptism?, de The Anglican Pastor.

Publicado en Anglican Compass el 13 de marzo de 2013 y revisado el 25 de enero de 2025. Traducción de Anglicanismo.com, publicada con permiso de Anglican Compass. Las notas del editor son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.

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