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Creemos: un solo bautismo para el perdón de los pecados

Por Alex Fogleman

Publicado el · 9 min de lectura

Artículo de Anglican Compass, traducido y publicado aquí con su permiso. Original en Anglican Compass: We Believe: One Baptism for the Forgiveness of Sins (en inglés)

El diácono Felipe bautiza al eunuco etíope, arrodillado junto al camino; detrás, el carro y el séquito
El bautismo del eunuco, Rembrandt, 1626. Dominio público. Ver en Wikimedia Commons: El bautismo del eunuco

El Credo Niceno enseña no solo quién es Dios, sino también lo que Dios ha hecho por su pueblo. Después de confesar que la Iglesia es «una, santa, católica y apostólica», decimos: «y reconocemos un solo bautismo para el perdón de los pecados». Esta parte del Credo («un solo bautismo para el perdón») no puede separarse de todo lo demás que dice el Credo. En cierto modo, es un comentario más sobre el Espíritu Santo (en inglés), Señor y Dador de vida. El Espíritu crea la Iglesia en Pentecostés (en inglés), da vida nueva al único Cuerpo de Cristo y perdona los pecados.nota del editor E1

En otras palabras, al reconocer «un solo bautismo para el perdón de los pecados», no queremos decir que creamos en el bautismo mismo. Creemos en un solo Dios, el Padre todopoderoso (en inglés), en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor (en inglés), y en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida (en inglés). Lo que confesamos sobre el bautismo y el perdón forma parte de la confesión del Señor trino. Entonces, ¿qué significa esto? ¿Qué está en juego cuando reconocemos «un solo bautismo para el perdón de los pecados»?

El bautismo: arrepentimiento y nuevo nacimiento

En la tradición cristiana en sentido amplio, el bautismo tiene dos significados distintos, pero que se solapan: arrepentimiento y nuevo nacimiento. En primer lugar, el bautismo tiene que ver con el arrepentimiento. Juan el Bautista vino a preparar el camino del Mesías que había de venir, y predicó un bautismo de arrepentimiento:

Para dar conocimiento de salvación a su pueblo, Para perdón de sus pecados.

— Lucas 1:77

Esa breve frase une estrechamente el conocimiento y la acción. El arrepentimiento consiste en vivir de otra manera: si uno tiene dos túnicas, que dé una. Si a uno le sobra comida, que la comparta. Pero también significa un verdadero conocimiento de Dios, o, como lo llama Juan, «conocimiento de salvación». Conocimiento de salvación significa conocer de verdad a Dios como nuestro Dios. Significa confiar en él, seguirlo y entregarse por entero a él en todos los ámbitos de la vida.nota del editor E2

El bautismo es también un nuevo nacimiento. Es nuestra entrada en la familia cristiana. El bautismo supone una purificación no solo de los viejos hábitos, sino de una vieja vida. El bautismo es algo tan grande que la Biblia habla de él como de una muerte y una resurrección. Nuestro viejo yo muere, y surge una nueva criatura. Esta vida nueva es distinta: de algún modo está más viva que la vieja, porque el Espíritu Santo la anima. Recibimos el Espíritu al llegar a estar «en Cristo» por el bautismo (1 Corintios 12:13).

El peso (y la espera) de la gloria bautismal

Dado el enorme significado que tenía el bautismo en la Iglesia primitiva, los primeros cristianos se esforzaron mucho por preparar a fondo a las personas para recibirlo. Desarrollaron un proceso sólido de catequesis, para ayudar a los nuevos miembros a entender al Dios al que se unían y lo que significaba vivir una vida moldeada por entero por el seguimiento de Cristo.

Nadie pensaba que hiciera falta saber todo lo que hay que saber sobre Dios antes de bautizarse. Si así fuera, nadie llegaría nunca a bautizarse. Sin embargo, si el bautismo es lo que los cristianos dicen que es, la gente debería acercarse a él con reverencia, humildad y preparación. Hacia el año 200, el teólogo Tertuliano de Cartago defendió con fuerza que los cristianos esperaran para bautizarse hasta estar bien catequizados:

Que vengan, pues, cuando estén creciendo, cuando estén aprendiendo, cuando se les esté enseñando a qué vienen: que se hagan cristianos cuando hayan llegado a ser capaces de conocer a Cristo…

Todos los que entienden qué peso (pondus) es el bautismo temerán más obtenerlo que aplazarlo. La fe íntegra no duda de su salvación.

— Tertuliano, Sobre el bautismo, 18

La catequesis (en inglés), como preparación para el bautismo, nació de una reflexión profunda sobre el peso de gloria que se confiere en el bautismo. Esta práctica, a su vez, surgió de atender con paciencia al encargo que Cristo dio a sus discípulos:

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado…nota del editor E3

— Mateo 28:19-20

Un solo bautismo

Pero ¿por qué un solo bautismo? Una de las crisis de la Iglesia primitiva tuvo que ver directamente con el bautismo. Más en concreto, con la legitimidad del bautismo. Cuando los cristianos sufrieron persecución en la Iglesia primitiva, muchos dieron testimonio de la fe con valentía: se convirtieron en «mártires» (la palabra griega significa simplemente «testigo»). Otros no. Entregaron la fe. En latín se los llamó traditores, los que «entregaron» la fe.

El problema no eran solo los traditores como personas. También estaban los que esos traditores habían bautizado. Si el obispo que me bautizó abandonó la fe, ¿es inválido mi bautismo? Algunos adoptaron una postura dura ante esta pregunta: «¿Lo bautizó un traditor? Su bautismo no vale. Tendrá que bautizarse otra vez, y asegúrese de que sea con uno de los obispos “correctos”». Otros adoptaron una postura más indulgente: si el traditor se arrepiente, el bautismo se admite. No hace falta volver a bautizar.

Las dos posturas tenían problemas. Los laxistas quitaban importancia al costo del discipulado. Los rigoristas quitaban importancia al poder de Dios que obra por medio del bautismo. Al final, la Iglesia adoptó una solución intermedia. Si usted fue bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, no necesita que lo bauticen otra vez. Al mismo tiempo, nadie debería tomar esto como ocasión para pecar. Hay un solo bautismo para el perdón de los pecados, así como hay:

…un Señor, una fe… un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

— Efesios 4:5-6

El perdón de los pecados

Si hay un solo bautismo, ¿qué queremos decir con «perdón de los pecados»? Un pecado es cualquier cosa que nos aparta de Dios: cualquier cosa que no da en el blanco, que se queda corta, que daña a nuestro prójimo o que deshace de algún otro modo la buena obra de Dios en la creación y en la redención.

…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios…

— Romanos 3:23

Nuestros primeros padres pecaron al desobedecer a Dios, y todos hemos quedado unidos a su pecado por el simple hecho de nacer «en Adán». Estábamos allí, en cierto sentido, y todos tenemos parte en el pecado de Adán. A esto se le suele llamar «pecado original». No hemos adquirido el pecado solo por malos hábitos o por imitar a otros. El pecado va más hondo. Estamos en estado de pecado cuando estamos «en Adán».

Cuando somos bautizados, recibimos lo que la Escritura llama «el perdón de los pecados». Es lo que predica Pedro en Pentecostés:

Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

— Hechos 2:38

En el bautismo pasamos de estar «en Adán» a estar «en Cristo». Por eso recibimos todas las bendiciones que Cristo tiene para darnos. Y lo más importante: tenemos a Dios como Padre. Cristo comparte con nosotros su filiación, su propia comunión con Dios. Cuando recibimos el Espíritu Santo en el bautismo, podemos llamar a Dios «Padre», igual que Cristo. En el bautismo, todo lo que nos mantiene lejos de Dios desaparece.

Vivir el arrepentimiento

Por supuesto, todos seguimos pecando después del bautismo. ¿Cambia esto nuestra condición de bautizados? ¡De ninguna manera! A veces los teólogos distinguen entre pecado y pecados. Los pecados son actos que cometemos cada día, que no dan en el blanco y nos apartan de Dios. El pecado es la condición fundamental de estar en Adán. Recibir el único bautismo para el perdón del pecado nos libra del pecado: de estar en Adán y alejados de Dios.

Eso no significa que no vayamos a volver a pecar. Sí significa que ya no estamos «en Adán». Ya no somos esclavos de Satanás. Por eso estamos libres de las garras tiránicas del pecado. Vivimos en el perdón de los pecados; como cristianos bautizados, cuando seguimos pecando, seguimos pidiendo perdón.

Arrepentimiento continuo

En el Libro de Oración Común (en inglés) confesamos nuestros pecados en la Oración Matutina (en inglés) y en la Oración Vespertina (en inglés), y siempre que se celebra la eucaristía (en inglés). Esto muestra la realidad de los pecados de cada día. Seguimos pecando contra Dios «de pensamiento, palabra y obra, por lo que hemos hecho y por lo que hemos dejado de hacer». ¡Eso lo abarca prácticamente todo!nota del editor E4

Con todo, sigue en pie que hay «un solo bautismo para el perdón de los pecados». Los pecados que cometemos no cambian nuestra condición de bautizados, del mismo modo que el hijo pródigo no dejó de ser hijo, aunque exigió a su padre la herencia solo para irse y malgastarla. En otras palabras, aunque somos bautizados una sola vez, vivimos la vida de bautizados cada día. La forma del arrepentimiento que marca nuestra entrada en la Iglesia es también la que da forma concreta a nuestra vida desde ahora hasta la eternidad. Esto es precisamente lo que significa que la Iglesia sea una, santa, católica y apostólica. Esto es lo que significa creer en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida.

Al confesar un solo bautismo para el perdón de los pecados, confesamos algo verdadero sobre nosotros mismos y, al mismo tiempo, confesamos lo más verdadero de Dios: que él es el Dios que nos ama y que entregó su vida por nosotros, para atraernos a su familia perdonando nuestros pecados y haciéndonos uno con el Padre en su Hijo amado. Es una noticia excelente.

Notas

Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.

  1. El autor cita el Credo Niceno en la forma del Libro de Oración Común de 2019 de la Iglesia Anglicana en Norteamérica (ACNA). En el Libro de Oración Común de 1662 se lee: «Y creo en una sola Iglesia católica y apostólica. Reconozco un solo bautismo para el perdón de los pecados». Volver al texto (nota del editor E1)

  2. Lucas 1:77 son palabras de Zacarías, el padre de Juan, sobre la misión de su hijo (Lucas 1:67-79). Volver al texto (nota del editor E2)

  3. El original da la cita como «Mateo 28:19», pero incluye también el comienzo del versículo 20. Volver al texto (nota del editor E3)

  4. La frase es del Libro de Oración Común de 2019. En el de 1662, la confesión de la Santa Comunión dice «por pensamiento, palabra y obra», y la de la Oración Matutina y la Vespertina, «No hemos hecho lo que debíamos hacer, y hemos hecho aquellas cosas que no debíamos». Volver al texto (nota del editor E4)

Original: We Believe: One Baptism for the Forgiveness of Sins, de Alex Fogleman.

Publicado en Anglican Compass el 7 de julio de 2025 y revisado el 27 de julio de 2025. Traducción de Anglicanismo.com, publicada con permiso de Anglican Compass. Las notas del editor son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.

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