¿Qué creen los anglicanos sobre la Santa Comunión?
Por The Anglican Pastor
Publicado el · 6 min de lectura
Artículo de Anglican Compass, traducido y publicado aquí con su permiso. Original en Anglican Compass: What do Anglicans Believe about Holy Communion? (en inglés)
¿Qué creen los anglicanos sobre la Santa Comunión? Puede ser difícil precisarlo con exactitud. Para empezar, porque la Santa Comunión tiene muchos nombres:
- la Misa,
- la Eucaristía,
- la Cena del Señor,
- o simplemente la Comunión (en inglés).
Aun así, la Santa Comunión está descrita en el artículo XXVIII de los Treinta y Nueve Artículos de Religión. Este artículo deja ver lo que los anglicanos creen sobre la Santa Comunión, y lo hace en dos partes.
- La primera es una descripción positiva de la doctrina anglicana sobre la Cena del Señor.
- La segunda es una breve exposición de lo que los anglicanos no creen sobre la Cena del Señor, seguida de una operación de «limpieza» en la que procuramos no tirar al niño con el agua sucia.
Lo que creen los anglicanos sobre la Santa Comunión
Este es el texto de la primera parte, la positiva:
La Cena del Señor no es solamente un signo del amor que los cristianos deben tenerse unos a otros, sino más bien un sacramento de nuestra redención por la muerte de Cristo; de tal manera que, para los que la reciben rectamente, dignamente y con fe, el pan que partimos es participación del cuerpo de Cristo, y asimismo la copa de bendición es participación de la sangre de Cristo.
Esta parte del artículo XXVIII confirma lo que los Artículos ya dicen sobre la naturaleza de los sacramentos (véase el artículo XXV): la Cena es a la vez signo y sacramento.
Deja claro que los anglicanos sostienen lo que se llama una teología «receptacionista». Es decir, creemos que Dios usa los sacramentos para comunicar la gracia solo a quienes los reciben con fe. Por supuesto, como cristianos de la Reforma, creemos que la fe es un don de Dios. Esta parte afirma también que tomar el pan es participar del cuerpo de Cristo, y beber la copa es participar de la sangre de Cristo.
Lo que no creen los anglicanos sobre la Santa Comunión
Aquí es donde los autores y revisores de los Artículos se pusieron nerviosos. Sabían que la Iglesia católica romana creía, y exigía a sus miembros creer, en algo llamado «transubstanciación», y por eso este artículo va más allá:
La transubstanciación (o cambio de la sustancia del pan y del vino) en la Cena del Señor no puede probarse por la Sagrada Escritura, sino que se opone a las palabras claras de la Escritura, subvierte la naturaleza de un sacramento y ha dado ocasión a muchas supersticiones.
El cuerpo de Cristo se da, se toma y se come en la Cena solamente de una manera celestial y espiritual. Y el medio por el cual el cuerpo de Cristo se recibe y se come en la Cena es la fe.
El sacramento de la Cena del Señor no fue, por disposición de Cristo, reservado, llevado de un lado a otro, elevado ni adorado.
No a la transubstanciación
El artículo describe la «transubstanciación» como la creencia de que el pan y el vino se convierten sustancialmente en carne y sangre.
En aquella época nadie creía que el pan y el vino fueran a tener físicamente el aspecto de carne y sangre. Pero la Iglesia romana creía que Dios había sustituido la sustancia o realidad del pan y del vino por la carne y la sangre de Cristo, y que en esa sustitución el sacerdote ofrecía a Cristo a Dios y al pueblo como sacrificio.
La creencia anglicana es la de la Reforma
Los reformadores rechazaron la idea de que el pan y el vino fueran sustancialmente carne y sangre. Pero los anglicanos, en su mayoría, procuraron no ceder demasiado, sobre todo porque Cristo tomó el pan y dijo: «Esto es mi cuerpo…». Así que la solución fue afirmar que el pan y el vino son espiritualmente su cuerpo y su sangre, y luego precisar que, aunque la comida es celestial o espiritual, es, aun así, una verdadera participación del cuerpo y la sangre de Cristo.
El creyente ha de acercarse a la mesa con esta fe: que Cristo se da a su pueblo por medio de este pan y este vino. El Espíritu Santo lo hace posible, haciendo presente a Cristo en el pan y el vino, y así hace de esta comida una verdadera participación en Cristo.
La presencia real
La expresión más sencilla para decir esta postura matizada es «presencia real (en inglés)». Es la afirmación de que lo que ocurre en la comunión es real y objetivo, y de que Dios lo garantiza. Afirma también que Dios está presente y que hemos de creer y confiar en que lo está. Pero esta expresión evita a propósito describir cómo lo hace Dios exactamente; así que la manera en que Cristo se hace presente queda en el terreno del misterio. Eso es asunto de Dios.
Hemos de acercarnos a su mesa con fe, confiando en que él hará lo que prometió y se hará presente a nosotros en el partimiento del pan. En este clima de misterio, los anglicanos han acogido una amplia gama de posturas, desde algo cercano al memorialismo (un recuerdo simbólico) hasta la consustanciación (Cristo está con el pan y el vino, y bajo ellos), evitando a la vez una teología de la eucaristía demasiado técnica.nota del editor E1
Recibir la eucaristía
La práctica de recibir la eucaristía (en inglés) (palabra que significa «acción de gracias») ha tenido una historia variada. En los primeros tiempos, los cristianos se reunían a diario para un ágape, seguido de una comida ceremonial de pan y vino, normalmente por la tarde. Con los siglos, a medida que la gente veía cada vez más el pan y el vino como algo objetivamente poderoso, empezó a tener miedo de recibirlos.
La evolución de la eucaristía
En la Edad Media, la mayoría de los cristianos solo comulgaban el día de Pascua, después de los cuarenta días de arrepentimiento de la Cuaresma (en inglés), que, según creían, los preparaban sin riesgo para recibir el cuerpo y la sangre del Señor. Sin embargo, durante la Reforma, muchos, dentro y fuera de la Iglesia católica romana, empezaron a trabajar para recuperar la antigua idea de que la comunión debía ser una garantía de la gracia, no un instrumento de condenación. Debemos animar a la gente a comulgar con regularidad.
Esto tardó mucho en extenderse, incluso en las iglesias protestantes. Hasta mediados del siglo XIX las iglesias no ofrecieron la eucaristía con más regularidad. Y hasta el siglo pasado las iglesias de las diversas tradiciones cristianas no empezaron a celebrar la comunión cada semana. Hoy, en las iglesias anglicanas, la comunión semanal es lo normal.
Notas
Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.
Sobre la presencia de Cristo en la Cena, el artículo XXVIII dice que el cuerpo de Cristo «se da, se toma y se come en la Cena solamente de una manera celestial y espiritual», y que el medio por el que se recibe «es la fe». El artículo XXIX añade que los impíos, aunque reciban el sacramento, «de ningún modo son partícipes de Cristo». La rúbrica final de la Santa Comunión del Libro de Oración Común de 1662 (la rúbrica negra) declara que el pan y el vino «permanecen todavía en sus mismas sustancias naturales» y que el cuerpo natural de Cristo está «en el cielo, y no aquí». Y el artículo XXV dice que los sacramentos «no son solamente insignias o señales de la profesión de los cristianos», sino «signos eficaces de la gracia». Volver al texto (nota del editor E1)