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La Oración de humilde acceso: guía anglicana para principiantes

Por The Anglican Pastor

Publicado el · 8 min de lectura

Artículo de Anglican Compass, traducido y publicado aquí con su permiso. Original en Anglican Compass: The Prayer of Humble Access: A Rookie Anglican Guide (en inglés)

La mujer cananea, arrodillada, suplica a Cristo, que la mira entre sus discípulos, ante un pórtico de columnas
La mujer cananea a los pies de Cristo, Jean-Germain Drouais, 1784. Dominio público. Ver en Wikimedia Commons: La mujer cananea a los pies de Cristo

La Oración de humilde acceso es una parte tradicional del oficio anglicano de la Santa Comunión (en inglés). Hace poco descubrí cuánto la quieren muchos anglicanos, cuando escribí sobre ella en Twitter: publiqué una encuesta, a mi parecer algo humorística, en la que apuntaba algunas preguntas que tengo sobre el lugar que ocupa la oración y sobre parte de su redacción. Las reacciones fueron inmediatas, y muchos no quedaron contentos.

Entonces, ¿qué es la Oración de humilde acceso y por qué la quieren tanto? Como penitencia, ¡intentaré responder a esas preguntas!

Texto

El texto de la Oración de humilde acceso en el Libro de Oración Común de 2019 (en inglés) es:

No nos atrevemos a acercarnos a esta tu mesa, oh Señor misericordioso, confiando en nuestra propia justicia, sino en tus abundantes y grandes misericordias. No somos dignos siquiera de recoger las migajas debajo de tu mesa; pero tú eres el mismo Señor cuyo carácter es siempre tener misericordia. Concédenos, pues, Señor clemente, que de tal manera comamos la carne de tu amado Hijo Jesucristo, y bebamos su sangre, que nuestros cuerpos pecadores sean limpiados por su cuerpo, y nuestras almas lavadas por su preciosísima sangre, y que permanezcamos siempre en él, y él en nosotros. Amén.nota del editor E1

Alusiones bíblicas

La principal alusión bíblica de esta oración es Marcos 7:27-28, donde Jesús dice: «no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos», y una mujer gentil responde: «Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos». Parece aludir también a Lucas 7:6, donde un centurión dice a Jesús: «no soy digno de que entres bajo mi techo». Puede aludir además a pasajes como 1 Crónicas 16:34: «su misericordia es eterna».nota del editor E2

En Juan 6, Jesús enseña al pueblo a «comer su carne y beber su sangre», y muchos se apartan de él. Otra alusión puede ser 1 Corintios 10:16: «La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?».

Teología

La Oración de humilde acceso mantiene unidos los dos lados del evangelio. Somos criaturas caídas y, por nuestro pecado, no somos dignos de estar delante de un Dios santo. Siempre que hablamos del pecado humano, enseguida pronunciamos la palabra de la gracia: que la naturaleza de nuestro Señor es siempre tener misericordia. El evangelio cristiano une siempre estas dos realidades. Somos pecadores; Dios es misericordioso. Otras religiones y herejías tienden a separarlas o a quedarse con una u otra. Jesús nos mostró que en él, por su gracia, podemos aceptar nuestra propia indignidad y luego ser levantados por él y a través de él a la presencia de Dios. Como enseñó Jesús en Lucas 17, al servir al Señor hemos de recordar que somos siervos inútiles, sin perder de vista su gracia ni dejar de agradecerla.

La Oración de humilde acceso enseña también que recibir el cuerpo y la sangre de Cristo es un don, una gracia que se nos concede. No «tomamos» la comunión; la «recibimos», porque es un don. Por ella participamos del cuerpo de Cristo, y somos alimentados, limpiados y renovados en él. Recibimos la seguridad de que nuestra vida en él es eterna, y así recibimos en el presente un anticipo del futuro. Esta oración expresa con mucha claridad la teología eucarística cristiana de la presencia real de Cristo.nota del editor E3

Origen y uso en los libros de oración

Esta oración apareció por primera vez en la Orden de la Comunión de 1548, y luego se conservó en el Libro de Oración de 1549. En el Libro de Oración Común de 1662 (en inglés), el de referencia, aparece después del Sanctus, con la indicación de que el presbítero, de rodillas, la diga en nombre de todos los reunidos. En el Libro de Oración escocés de 1637 aparece justo antes de la distribución y recepción de la comunión.

El Libro de Oración estadounidense de 1928 la pone antes de la distribución de la comunión, e indica también que el presbítero se arrodille y diga la oración «en nombre de todos los que van a recibir la comunión». En el Rito I del Libro de Oración Común de 1979 aparece antes de la distribución de la comunión, como opcional. El texto del Rito II (en lenguaje contemporáneo) no la trae, pero la menciona como texto opcional. En el Libro de Oración Común de 2019 (en inglés) aparece como opcional antes de la distribución de la comunión.

Objeciones teológicas

Quienes no aceptan el evangelio tienen objeciones teológicas a esta oración. Algunos grupos de hoy no creen que debamos vernos como pecadores o indignos. Para ellos, esta oración es ofensiva. Pero la ofensa es en realidad contra el evangelio mismo. Para quienes aceptan la Escritura y las palabras y enseñanzas de Jesús, junto con los credos («Creo… el perdón de los pecados», por ejemplo), no hay nada que objetar a la Oración de humilde acceso. Si la oración no uniera nuestra indignidad con la misericordia y la gracia de Dios, las objeciones teológicas valdrían. Sin embargo, para mí esta objeción no se sostiene, porque la oración hace precisamente eso.

¿Por qué es opcional esta oración en el Libro de Oración Común de 2019 de la Iglesia Anglicana en Norteamérica (ACNA)?

No participé en ninguna revisión litúrgica. Sin embargo, por lo que entiendo, algunas de las objeciones a la Oración de humilde acceso, y la decisión de conservarla pero hacerla opcional, tienen que ver con:

  • su lugar en el canon eucarístico (el orden del oficio),
  • parte de su redacción,
  • el deseo de algunas iglesias de usarla solo en los tiempos penitenciales.

¿Interrumpe el curso del oficio?

Al principio aparecía después del Sanctus, en un momento del oficio en que ya destacamos la santidad de Dios y nuestra necesidad de perdón y de gracia. Luego recitamos la historia de la salvación en Cristo. Pero libros de oración posteriores la trasladaron al momento inmediatamente anterior a la distribución de la comunión. La posible objeción aquí es que interrumpe el curso de nuestra liturgia. Ya nos hemos preparado para recibir la comunión cuando esta oración parece volver atrás y repetir lo que ya hemos hecho.nota del editor E4

Pero para muchos, quizá para la mayoría, esta oración tiene el efecto contrario. Es su oración de preparación, y el momento les parece el adecuado.

¿Efectos separados?

Otra objeción es la posibilidad de que esta oración, puesta justo antes de que la gente reciba la comunión, pueda entenderse mal, como si el cuerpo de Cristo lograra una cosa y la sangre de Cristo otra. Nuestra teología de la eucaristía es que el cuerpo y la sangre de Cristo son un solo sacramento. Recibir una sola especie es recibir a Cristo entero, aunque lo normal es recibir las dos. Los presbíteros suelen explicar esto a la gente, y esta oración, al dejar abierta la posibilidad de una mala interpretación, podría deshacer esa enseñanza.nota del editor E5

¿Una salvación separada?

Una lectura equivocada algo menos probable sería la idea de que nuestras almas y nuestros cuerpos necesitan ser limpiados o salvados de maneras distintas. Creo que habría que forzar mucho la redacción de esta oración para llegar a esa conclusión. Pero conviene saber que algunos podrían entender que esta oración enseña que Dios salva nuestras almas y nuestros cuerpos de maneras distintas. Así podremos orientar a la gente hacia la salvación de la persona entera por el único Cristo.

Respuesta a las objeciones

Yo no creo que esta oración enseñe a propósito una doble aplicación de los elementos ni una doble salvación del ser humano. Creo que alude a varios pasajes de la Escritura en los que el cuerpo o la sangre de Cristo se refieren a su muerte en la cruz por nuestros pecados y a su poder para salvarnos y limpiarnos de nuestros pecados, en cuerpo y alma a la vez. Aun así, como la liturgia forma nuestras creencias, tenemos que asegurarnos de que la gente entienda que la Oración de humilde acceso no enseña efectos distintos del cuerpo y de la sangre, ni una aplicación distinta de la salvación para el alma y para el cuerpo.

Desde luego, no todo el mundo tiene estas objeciones; quizá no muchos las tengan. Muchos creen que esta oración ha encontrado su lugar perfecto justo antes de la distribución de la comunión, y que es la manera ideal de prepararse para recibirla. Piensan también que es fácil enseñar a alguien que el cuerpo y la sangre de Cristo nos sanan por completo como un solo sacramento. Algunas iglesias usan esta oración todo el año, otras solo en los tiempos penitenciales, y otras nunca.

Oración humilde

Uno de mis seguidores de Twitter señaló que Carl Trueman, presbiteriano, escribió que el Libro de Oración Común es el mayor logro litúrgico de la Reforma, y que puso la Oración de humilde acceso como un ejemplo especialmente hermoso (en Between Wittenberg and Geneva). Muchos cristianos han elogiado la oración misma como un resumen claro y conciso del evangelio y de nuestra necesidad de la gracia de Dios.

La Oración de humilde acceso lleva cientos de años en el Libro de Oración Común anglicano. También se usa en varios misales romanos, y más tarde pasó a algunas guías protestantes de oración. Así que, si nunca lo ha hecho, conozca la Oración de humilde acceso; quizá pueda usarla esta semana en sus oraciones personales para familiarizarse con ella. Y que el Señor, que siempre es misericordioso, lo bendiga.

Notas

Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.

  1. Así dice esta oración en nuestra edición del Libro de Oración Común de 1662: «No nos atrevemos a acercarnos a tu mesa, oh Señor misericordioso, confiando en nuestra propia justicia, sino en tus muchas y grandes misericordias. No somos dignos siquiera de recoger las migajas debajo de tu mesa. Pero tú eres el mismo Señor, cuya propiedad es siempre tener misericordia. Concédenos, pues, oh Señor clemente, que de tal manera comamos la carne de tu amado Hijo Jesucristo y bebamos su sangre, que nuestros cuerpos pecadores sean limpiados por su cuerpo, y nuestras almas lavadas por su preciosísima sangre; y que permanezcamos siempre en él, y él en nosotros. Amén». Volver al texto (nota del editor E1)

  2. El original dice «Marcos 7:28». Las palabras de Jesús están en el versículo 27. Volver al texto (nota del editor E2)

  3. Sobre la manera de esa presencia, el artículo XXVIII dice que el cuerpo de Cristo «se da, se toma y se come en la Cena solamente de una manera celestial y espiritual», y que el medio por el que se recibe «es la fe». Volver al texto (nota del editor E3)

  4. En el Libro de Oración Común de 1549, esta oración va tras las palabras de consuelo, justo antes de comulgar. Fue el de 1552 el que la puso inmediatamente después del Sanctus, y así sigue en el de 1662. Véanse los textos de 1549 y de 1552 que publica la Society of Archbishop Justus. Volver al texto (nota del editor E4)

  5. El artículo XXX dice: «La copa del Señor no ha de negarse a los laicos, porque ambas partes del sacramento del Señor, por disposición y mandato de Cristo, deben administrarse por igual a todos los cristianos». Y el Libro de Oración Común de 1662 manda dar a cada comulgante el pan y la copa. Volver al texto (nota del editor E5)

Original: The Prayer of Humble Access: A Rookie Anglican Guide, de The Anglican Pastor.

Publicado en Anglican Compass el 14 de octubre de 2019 y revisado el 8 de agosto de 2024. Traducción de Anglicanismo.com, publicada con permiso de Anglican Compass. Las notas del editor son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.

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