Saltar al contenido
Anglicanismo.com, inicio Orar hoy

Artículos · Lectura 5 de 10

¿Por qué recitan los credos los anglicanos?

Por Alex Fogleman

Publicado en inglés el 20 de agosto de 2018 · 9 min de lectura

Artículo de Anglican Compass, traducido y publicado aquí con su permiso. Original en Anglican Compass: Why do Anglicans Say the Creeds? (en inglés)

Interior luminoso de una iglesia reformada holandesa, con columnas blancas, el púlpito y fieles sentados escuchando el sermón
Interior de la Oude Kerk de Ámsterdam durante un sermón, Emanuel de Witte, hacia 1658-1659. Dominio público. Ver en Wikimedia Commons: Interior de la Oude Kerk de Ámsterdam durante un sermón

Confesar credos en el mundo de hoy

Quien llega al anglicanismo pronto se da cuenta de la importancia de los credos. Los dos más habituales son el Credo de los Apóstoles (en inglés), que se dice en la Oración Matutina (en inglés) y en la Oración Vespertina (en inglés), y el Credo Niceno, que se dice en la liturgia del domingo y en las fiestas principales. El primero es más breve y de origen más antiguo; el segundo, más detallado y preciso. También es importante el Credo de San Atanasio (en inglés), que suele recitarse el Domingo de la Trinidad (en inglés).

Estos credos surgieron muy pronto en la tradición de la Iglesia, y conviene saber por qué y cómo nacieron, porque sus orígenes nos ayudan a entender lo que significan. Pero en esta entrada quiero también pensar de forma más amplia en por qué recitamos credos. ¿Qué quiere decir que el cristianismo, y el anglicanismo en particular, es una fe «de credo»?

Es importante saber por qué damos tanto peso a los credos, porque confesar credos choca en buena medida con la cultura estadounidense actual. Hoy la gente valora el pensamiento independiente, la originalidad y la espontaneidad, que parecen lo contrario de recitar un credo que no inventamos y que quizá no entendemos del todo.

Además, muchos protestantes que vienen de tradiciones evangélicas o de Iglesia baja traen consigo una sospecha hacia los credos, como si fueran producto de la «tradición humana» frente a las Escrituras, que Dios nos ha dado. «Ningún credo sino la Biblia» es el lema de esta corriente del cristianismo.

Sin embargo, esos lemas funcionan de un modo sospechosamente parecido a un credo. En cierto sentido, parece que todo el mundo vive según credos: declaraciones compactas de creencias que resumen un montón de supuestos y afirmaciones sobre la naturaleza de la realidad y sobre cómo debemos vivir.

Así que los credos son inevitables. La cuestión no es si viviremos según credos, sino según cuáles.

Aun así, en cierto modo el cristianismo tiene una afinidad especialmente marcada con los credos. En su excelente libro The Making of the Creeds, Frances Young señala que «el cristianismo es la única gran religión que da tanta importancia a los credos y a las doctrinas». Aunque otras religiones tienen sus escrituras sagradas, sus oraciones, sus prácticas religiosas, sus formas artísticas o sus códigos éticos, el cristianismo es único por el gran valor que da a la verdad doctrinal. Pone mucho énfasis en la ortodoxia frente a la herejía, es decir, en la creencia o la alabanza rectas (ortho-doxa) frente a la «elección personal» («herejía» viene de una palabra griega que significa «elección» o «preferencia»).

¿De dónde viene, entonces, esta honda preocupación por la verdad? ¿Y qué importancia tienen los credos para nosotros hoy?

Hay al menos tres razones por las que el cristianismo es una fe de credo:

  1. por su manera de entender el monoteísmo, es decir, la fe en un solo Dios;
  2. por la manera en que los credos sirven de vínculo a la comunidad de la Iglesia;
  3. por el estrecho lazo entre los credos y la salvación.

Un solo Dios, una sola verdad

La primera razón por la que a los anglicanos les importan los credos es su manera de entender la naturaleza de Dios.

Las religiones paganas politeístas admitían muchos dioses, y aunque uno creyera en un dios supremo, podía haber también muchos dioses «menores» rondando por ahí. Que aparecieran dioses nuevos no era un problema. Era fácil incorporarlos a la colección ilimitada de divinidades del panteón.

Del mismo modo, los filósofos paganos podían ofrecer explicaciones diversas y rivales de la naturaleza de la realidad sin preocuparse de estar en desacuerdo en lo fundamental. Una multitud de dioses producía una multitud de teorías sobre el mundo y sobre cómo vivir en él.

Pero los cristianos no admitían otros dioses. Esos dioses eran, como les habían enseñado sus antepasados judíos, meros ídolos. El monoteísmo, la fe en «un solo Dios», no significaba solo que había un Dios, sino que había un Dios y ningún otro. Creían también que este Dios tenía un carácter determinado: era bueno, misericordioso, amoroso, fuente de sabiduría y de verdad. No era caprichoso ni voluble, sino digno de confianza.

Y así, como solo había un Dios, y si este Dios era bueno, amoroso y verdadero, eso significaba que no podía haber un sinfín de explicaciones verdaderas de la realidad.

¿Hay un solo Dios? Entonces la creación tiene que ser obra de este Dios y no de otro dios.

¿Es bueno este Dios? ¿Es digno de confianza? Si es así, el mundo tiene que haber sido creado de una manera ordenada y coherente en lo fundamental. Deberíamos poder ver patrones y estructura en el mundo. Si Cristo es el logos de Dios, deberíamos poder ver alguna clase de lógica en el orden de la creación.

Esta es una de las razones por las que el cristianismo expresa su identidad en términos de credo o de doctrina: un solo Dios significa una sola explicación de la realidad. Esta manera de ver a Dios lleva consigo una preocupación por la verdad, por acertar.

El vínculo de una fe común

En segundo lugar, los anglicanos son cristianos de credo porque los credos funcionan como vínculo entre los fieles.

Como mencionó el fundador de Anglican Compass en su entrada sobre el Credo Niceno (en inglés), «el carácter histórico del Credo Niceno nos recuerda que no inventamos ayer nuestra fe. Somos parte de una larga tradición de fe, de pensamiento y de doctrina».

En el cristianismo antiguo, otro nombre del «credo» era «símbolo», una palabra que literalmente significaba algo «echado junto». (Muchos cristianos antiguos creían que cada uno de los doce apóstoles había aportado una frase del credo). En el mundo antiguo, la palabra símbolo se usaba para un pacto en una transacción comercial. Servía para garantizar la lealtad de cada parte a los términos de un acuerdo.

Como símbolo, los credos cumplen una función de vínculo o de unidad. Agustín dice que el credo se llama símbolo porque «es algo por lo que los cristianos pueden reconocerse unos a otros» (Sermón 213, 2). Como el cristianismo se preocupa por la verdad, los cristianos necesitaban maneras de distinguir las expresiones auténticas de la fe de las que no lo eran. Aún hoy, en medio de divisiones enconadas dentro de la Iglesia, el Credo Niceno es una de las pocas maneras de distinguir el cristianismo ortodoxo de las herejías o de las sectas.

Así, como «símbolo» de la fe, los credos cumplen una función de unidad. Nos dan una manera de seguir unidos a los cristianos de todo el mundo y también a quienes vivieron miles de años antes que nosotros.

Los credos y la salvación

En tercer lugar, los anglicanos son cristianos de credo porque hay un lazo importante entre los credos y la salvación.

A los cristianos de hoy les puede costar ver qué tienen que ver los credos con la salvación. Decir la primera frase del Credo de San Atanasio (en inglés) no siempre es fácil: «Cualquiera que quiera ser salvo, debe ante todas las cosas tener la fe católica».

Pero los credos son importantes para nuestra salvación porque dan forma y voz a nuestra manera de entender al Dios que nos salva. Frances Young escribe también: «En el corazón de la vida de la Iglesia estaba la convicción de que la salvación se estaba haciendo realidad, y en el corazón de la teología cristiana primitiva estaba el sentido de la realidad sacramental y espiritual de esa salvación. Como la Biblia, las doctrinas servían para expresar la Palabra que salva».

El lazo entre los credos y la salvación se aprecia mejor cuando vemos cómo surgieron los credos en el contexto de la catequesis y el bautismo.

Siguiendo las palabras de Jesús en la Gran Comisión, «bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mateo 28:19), los primeros cristianos adoptaron la práctica de sumergir tres veces a los nuevos creyentes en las aguas del bautismo, y les pedían una profesión de fe en cada persona de la Trinidad, con una forma muy parecida a la que encontramos en el Credo de los Apóstoles.

Hacia el siglo IV, los bautismos se celebraban sobre todo en Pascua, y la Cuaresma se dedicaba a una intensa catequesis (en inglés) prebautismal, que preparaba a los nuevos cristianos para entender lo que significaba ser bautizados en este nombre.

En este contexto, los credos eran una ayuda para la memoria. Resumían la historia larga y compleja de la Escritura, pero eran lo bastante breves para que los catecúmenos pudieran aprenderlos de memoria. Como subrayó Cirilo de Jerusalén, los credos son lo bastante sencillos para que los nuevos cristianos «puedan adquirir toda la doctrina de la fe cristiana en unos pocos artículos y así evitar que se pierda alma alguna por no aprender la fe» (Catequesis 5, 12).

Los credos son breves para que se puedan memorizar. Pero la verdad que significan es la realidad de la salvación en el Dios trino. De este modo, los credos, como debería hacerlo todo lenguaje teológico, funcionan sacramentalmente. Nos dan palabras que nos llevan a una realidad más grandiosa de lo que jamás podríamos expresar.

Conclusión: una espiritualidad de credo

La razón por la que los anglicanos recitamos credos tiene que ver, de nuevo, con la naturaleza misma del cristianismo. El Dios invisible e insondable, aquel a quien nadie puede ver sin morir (Éxodo 33:20), el inmortal que habita en luz inaccesible (1 Timoteo 6:16), se hizo hombre y habitó entre nosotros para llevarnos a los misterios divinos. Las palabras del credo nos dan destellos, señales, ecos de este misterio: palabras verdaderas, sí, pero palabras que solo nos dejan ver oscuramente, como por espejo (1 Corintios 13:12). (nota del editor E1)

Nota del editor · E1

El artículo en inglés dice 1 Corintios 13:13; la imagen del espejo está en el versículo 12.

Una vez más: los cristianos no ponen su fe en los credos (como tampoco la ponen en las Escrituras). La ponen en Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Pero los credos tienen un papel decisivo para que conozcamos a este Dios en quien creemos.

Los anglicanos son cristianos de credo porque perciben en los credos un misterio más profundo de lo que se ve a primera vista. Creemos que en los credos nos encontramos con el Dios trino.

Y así, semana tras semana, cuando nos ponemos de pie y confesamos juntos el credo, nos adentramos cada vez más en este gran misterio.

Original: Why do Anglicans Say the Creeds?, de Alex Fogleman.

Publicado en Anglican Compass el 20 de agosto de 2018 y revisado el 24 de julio de 2025. Traducción de Anglicanismo.com, publicada con permiso de Anglican Compass. Las notas del editor son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.