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Los Treinta y Nueve Artículos · Dios y la Escritura

Entrega 8 de 38 · Artículo VIII · De los tres Credos

Los Treinta y Nueve Artículos: La regla de fe (3), artículo VIII

Por Henry Jansma

Publicado el · 5 min de lectura

Artículo de Henry Jansma publicado en Place for Truth, traducido y publicado aquí con permiso del autor. Original en Place for Truth: 39 Articles—The Rule of Faith (3) (en inglés)

En el índice: Texto del artículo VIII

Mencionamos por primera vez el artículo VIII de los Treinta y Nueve Artículos de Religión en nuestra exposición del artículo II. nota del editor E1 Vimos cómo los artículos, al ser una unidad narrativa, establecen un vínculo entre el artículo VIII y el artículo II con respecto al entendimiento de la persona del Señor Jesucristo. Pero también puede verse cómo el artículo VIII concluye la tríada de la regla de fe anglicana en la clara declaración de que los tres credos centrales del anglicanismo son los distintivos de una fe cristiana auténtica porque resumen las doctrinas de las Escrituras.

VIII. De los tres Credos.

Los tres Credos —el Credo Niceno, el Credo de Atanasio y el que comúnmente se llama Credo de los Apóstoles— deben recibirse y creerse enteramente, porque pueden probarse por testimonios certísimos de la Sagrada Escritura.

El artículo VIII solo se ha modificado ligeramente con respecto al original de 1553 escrito por Thomas Cranmer. El arzobispo Parker refuerza la naturaleza de su recepción al añadir la frase «y creerse» después de la cláusula «deben recibirse» [ought thoroughly to be received]. Los teólogos anglicanos entendieron que estos tres credos eran universalmente aprobados en toda la Iglesia, tanto oriental como occidental. En ellos se resumen las doctrinas centrales de la Iglesia católica. Sin embargo, también sabían que el mero hecho de tener un credo no es garantía de que una iglesia esté libre de errores. Los credos no son inspirados: son compuestos por hombres pecadores (como explica el artículo XXI). Por lo tanto, deben estar sujetos a las Escrituras. La redacción de la revisión es importante. El texto original en latín tiene el adverbio omnino, «completamente», «totalmente», «enteramente». Aquí no hay lugar para discrepar, ni siquiera para hacer excepciones, en ningún punto de los tres credos. Basándose en la sola Scriptura, los anglicanos deben sostener los tres credos ex animo en todas y cada una de las cláusulas que contienen porque «pueden probarse por testimonios certísimos de la Sagrada Escritura».

Cuando buscamos en los formularios históricos, encontramos que el Libro de Oración Común de 1662 requiere que los anglicanos reciten el Credo de los Apóstoles todos los días en la Oración Matutina y en la Vespertina, y el Credo Niceno sigue a la lectura de las Escrituras en el oficio de la santa comunión. El Credo de Atanasio se debe recitar en lugar del Credo de los Apóstoles durante catorce días del año cristiano, que incluyen los cinco días principales del evangelio: el Día de Navidad, el Día de Pascua, el Día de la Ascensión, Pentecostés y el Domingo de la Trinidad. nota del editor E2 Sin embargo, surgen problemas cuando se ignoran o reinterpretan credos o confesiones como los Treinta y Nueve Artículos. El auge del movimiento de la comunión parroquial en la Iglesia Episcopal de los años sesenta y el desplazamiento del culto dominical por parte de una sociedad cada vez más secularizada han provocado la pérdida de los oficios públicos de Oración Matutina y Vespertina en favor de un solo oficio de santa comunión en nuestras iglesias anglicanas. Cuando a esto le añadimos a quienes han venido de iglesias evangélicas con «declaraciones de fe» minimalistas, que funcionan como los credos pero están mal o descuidadamente redactadas, podemos empezar a ver cómo, de los tres credos, el de los Apóstoles y el de Atanasio se volvieron irrelevantes para los anglicanos norteamericanos.

Por tanto, lejos de servir de medida de fidelidad bíblica, como se pretendía, rara vez se escuchan o se enseñan, lo cual conduce a divisiones aún más profundas dentro del anglicanismo en este continente. Esto es un hecho preocupante, especialmente a la luz de las palabras iniciales y finales del Credo de Atanasio: «Cualquiera que quiera ser salvo, debe ante todas las cosas tener la fe católica. La cual, el que no la guarde entera y sin mancha, sin duda perecerá eternamente». nota del editor E3 ¿Por qué el Credo de Atanasio hace semejante afirmación? Porque nuestra fe exige el conocimiento de las doctrinas del evangelio, un asentimiento activo y una confianza continua en nuestro Salvador, tal como lo describen estas verdades bíblicas. El acto de conocer las creencias bíblicas de la Iglesia, asentir a ellas y confiar en ellas es necesario para la salvación. Esto es más que una recitación de los credos, ¡pero ciertamente no es menos! Los credos no son un simple examen. Son un resumen punto por punto de cómo uno se salva. Necesitamos oírlos todas las semanas, si no es que todos los días.

Consideremos la solidaridad en la fraternidad que los tres credos proporcionan a los cristianos hoy día. En países donde el cristianismo es una religión minoritaria o restringida por el gobierno y la cultura, recitar los credos y las afirmaciones bíblicas que en ellos se comparten es un testimonio y un signo de protesta. Es una de las cosas más contraculturales que pueden hacer esos cristianos, o cualquier otro cristiano. Hay en los credos una concreción y una claridad progresivas que separan el evangelio bíblico de las otras religiones del mundo. Los credos nos dan especificidad.

Es realmente una triste realidad que el renacimiento del anglicanismo norteamericano se defina más por nuestras opiniones políticas: «Oh, ustedes son los que están en contra del clero gay y del matrimonio gay». Ni una sola vez se nos reconoce como bíblicamente fieles, apostólicamente históricos y profundamente trinitarios porque confesamos y afirmamos («creo») los tres credos de la cristiandad. Los credos son nuestra promesa de lealtad. Los tres, por el lugar que ocupan en la estructura de la liturgia del Libro de Oración Común —después de nuestra confesión de pecados y de escuchar la refrescante buena nueva del evangelio en la lectura de las Escrituras y el canto de los salmos—, nos llevan a la adoración del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Notas

Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.

  1. La entrega sobre el artículo II no nombra el artículo VIII; habla de los Credos Niceno y de Atanasio. El artículo VIII se nombra por primera vez en la entrega sobre el artículo V. Volver al texto (nota del editor E1)

  2. La rúbrica del Libro de Oración Común de 1662 señala trece días: doce fiestas y el Domingo de la Trinidad. Volver al texto (nota del editor E2)

  3. En inglés, la cita del autor mezcla los dos primeros versículos del Credo con el último, del que toma el verbo «creer». Aquí se dan los dos primeros; el último dice: «Esta es la fe católica, la cual, el que no crea fielmente, no podrá ser salvo». Volver al texto (nota del editor E3)

Original: 39 Articles—The Rule of Faith (3), de Henry Jansma.

Publicado en Place for Truth, de la Alliance of Confessing Evangelicals, el 2 de junio de 2017. Traducción de Anglicanismo.com, publicada con permiso del autor. Las notas del editor son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.

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