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Los Treinta y Nueve Artículos · Dios y la Escritura

Entrega 3 de 38 · Artículo II · Del Verbo o Hijo de Dios, que se hizo verdadero hombre

Los Treinta y Nueve Artículos: La encarnación y la expiación, artículo II

Por Henry Jansma

Publicado el · 7 min de lectura

Artículo de Henry Jansma publicado en Place for Truth, traducido y publicado aquí con permiso del autor. Original en Place for Truth: 39 Articles—The Incarnation and Atonement (en inglés)

En el índice: Texto del artículo II

La última vez examinamos el principio anglicano según el cual los Artículos de Religión y el Libro de Oración Común forman la estructura confesional de nuestra teología y culto. Esta vez, necesitamos ilustrar cómo los Artículos tienen una estructura casi narrativa. En otras palabras, lo que se establece en los Artículos anteriores da forma al contenido de un artículo posterior. Este principio puede ser obvio para muchos, pero se da un error en el pensamiento anglicano estadounidense al interpretar un artículo como un texto de prueba, por así decirlo, de las propias presuposiciones teológicas.

II. Del Verbo o Hijo de Dios, que se hizo verdadero hombre.

El Hijo, que es el Verbo del Padre, engendrado del Padre desde la eternidad, verdadero y eterno Dios, y de una misma sustancia con el Padre, tomó la naturaleza humana en el seno de la bienaventurada Virgen, de la sustancia de ella; de modo que dos naturalezas enteras y perfectas, es decir, la divinidad y la humanidad, fueron unidas en una sola persona, para no ser nunca divididas, de las cuales consta un solo Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre; que verdaderamente padeció, fue crucificado, muerto y sepultado, para reconciliar a su Padre con nosotros, y para ser sacrificio no solo por la culpa original, sino también por todos los pecados actuales de los hombres.

Oliver O’Donovan nos recuerda que la exposición de nuestra redención en la vida, muerte y resurrección es la tarea de más peso de la teología, y también la más difícil. Con la doctrina de la Trinidad establecida en el artículo I, los Treinta y Nueve Artículos desarrollan aún más su doctrina en los artículos II al V, que tratan de la persona y obra de Cristo. El tema del artículo II es la comprensión de la persona y obra de Jesucristo a la luz de su obra salvífica de gracia: «El Hijo […] tomó la naturaleza humana en el seno de la bienaventurada Virgen»; él «[…] verdaderamente padeció, fue crucificado, muerto y sepultado».

Al igual que el artículo I, este artículo reproduce sustancialmente la Confesión de Augsburgo de 1530 (artículo III) por medio del «primer borrador» de los Trece Artículos de Cranmer de 1538. El artículo II buscaba resumir la enseñanza del Credo Niceno y del Credo de Atanasio acerca del Señor Jesucristo. Según Documents of the English Reformation de Gerald Bray, las frases añadidas por Cranmer sobre la generación eterna y la consustancialidad son originales (p. 286). Solo la última frase, que aclara la expiación, se añadió en 1563. En el original de Cranmer se lee «para ser un sacrificio por todos los pecados del hombre, tanto originales como actuales», que pasó a decir: «para ser sacrificio no solo por la culpa original, sino también por todos los pecados actuales de los hombres». nota del editor E1

El artículo declara que hay tres cosas que es necesario saber para la salvación:

  1. Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre.
  2. Cristo, verdaderamente Dios y hombre, está unido en una sola persona.
  3. Cristo es nuestro Salvador.

El Señor Jesucristo es verdadero Dios porque su esencia o sustancia es divina. Tiene una naturaleza divina entera y perfecta. Completo en la divinidad, está en una relación eterna y perfecta con el Padre. Es enteramente Dios y, sin embargo, se distingue en relación con el Padre, como Hijo (y es engendrado del Padre desde la eternidad). Esta relación se denomina «generación» y a veces se utiliza como sinónimo de filiación.

Cuando el artículo se refiere a Cristo como «Hijo», no debemos pensar en términos humanos, sino en el lenguaje preciso del Credo Niceno (325 d. C.), que usamos regularmente en la Cena del Señor del Libro de Oración Común. Cuando usamos el término Hijo, no queremos decir que es inferior al Padre, o que como hijo pasa del no ser a la existencia, sino que es una relación eterna y perpetua en la divinidad. Es una actividad inmutable que está en la esencia misma de Dios como Trinidad. Somos conscientes de esta relación porque, como «Verbo» del Padre, el Hijo expresa perfecta y completamente el único y revelado propósito de Dios.

Para hacer posible que los seres humanos tuvieran una relación personal y real con Dios y lograr su salvación, era necesario que Jesús fuera también verdaderamente humano, al igual que es verdaderamente divino. Esta es la encarnación, la concepción por el poder del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María. Así, Cristo adquirió una naturaleza humana plena y verdadera. Es la encarnación la que une las dos naturalezas enteras y perfectas en una sola persona, para no ser nunca divididas. Las dos naturalezas son distintas, no separadas. Esta comprensión fue el fruto de siglos de reflexión que culminaron en el Concilio de Calcedonia en el 451.

Habiendo establecido la perfecta divinidad y humanidad de Jesús, el artículo resume cómo es única y perfectamente el Salvador de su pueblo. La salvación tiene sus raíces, primeramente, en los hechos históricos reales de la crucifixión y muerte de Jesús. En su naturaleza humana, el Señor Jesús «verdaderamente padeció, fue crucificado, muerto y sepultado». Su resurrección se expone en el artículo IV, pero el artículo II ubica su obra tanto temporal como lógicamente en su muerte.

El artículo II enfatiza que la muerte de Jesús trae la reconciliación con el Padre y es un sacrificio expiatorio. Esto último lo entendemos fácilmente, pero ¿qué hay de lo primero, cuando la mayor parte de la Escritura habla más bien de que nosotros somos reconciliados con Dios? El artículo subraya que nuestro verdadero problema es que nuestra pecaminosidad merece la justa ira de Dios, y solo la muerte del transgresor satisfará la violación de su santidad. El artículo II hace hincapié en que Jesús es nuestro Salvador porque es «sacrificio» por nuestra culpa original y nuestros pecados actuales. Se trata de una expiación sustitutiva: Jesús, según su naturaleza humana, muere en nuestro lugar, satisfaciendo la perfecta justicia de Dios. El lenguaje que se introdujo en 1563 es el que se empleaba en la postura católica romana del Concilio de Trento (1545-1563): que, si bien la muerte de Jesús se ocupó de la culpa original heredada de Adán, se requerían los sacrificios de la misa para ocuparse de nuestros pecados actuales. Sin embargo, el artículo afirma que el único sacrificio perfecto de Jesús es suficiente en sí mismo para expiar.

Aunque se escribió para contrarrestar la teología católica romana, son los anglicanos arminianos actuales los que tienen muchos problemas para aceptar la culpa original, y entre los bautistas se habla de la «edad de responsabilidad», según la cual los niños no nacen culpables o responsables ante Dios hasta que alcanzan cierta edad en la que pueden tomar sus decisiones.

Un anglicano arminiano argumentaría que tenemos la naturaleza corrupta de Adán pero no su culpa. Por lo tanto, los seres humanos están física e intelectualmente corrompidos, pero no volitivamente. Por consiguiente, la voluntad retiene su capacidad de buscar a Dios a través de la invención de la gracia preveniente que reemplaza la culpa original. Dios da una gracia previa que anula la culpa legal. Cuando un anglicano arminiano insiste en que el artículo XVII (De la predestinación y la elección) permite un libre albedrío, ha olvidado lo que señala el artículo II sobre la naturaleza de la expiación de Cristo por la culpa de Adán. Tendremos que volver sobre este principio cuando lleguemos al artículo XXVIII y a lo que dice el Libro de Oración sobre el sacramento del bautismo. nota del editor E2

Notas

Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.

  1. En la edición de Bray (pp. 285-286), la cláusula «engendrado del Padre desde la eternidad, verdadero y eterno Dios, y de una misma sustancia con el Padre» figura como añadido de las revisiones de 1563 y 1571, no como texto de 1553. En la última frase, el latín no cambió; solo cambió la traducción inglesa. Volver al texto (nota del editor E1)

  2. En los Cuarenta y Dos Artículos de 1553, el bautismo era el artículo XXVIII. En los Treinta y Nueve es el XXVII, y el XXVIII trata de la Cena del Señor. Volver al texto (nota del editor E2)

Original: 39 Articles—The Incarnation and Atonement, de Henry Jansma.

Publicado en Place for Truth, de la Alliance of Confessing Evangelicals, el 17 de marzo de 2017. Traducción de Anglicanismo.com, publicada con permiso del autor. Las notas del editor son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.

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