El bautismo de niños en la Biblia: una promesa para vosotros y para vuestros hijos
Por Peter Johnston
Publicado el · 8 min de lectura
Artículo de Anglican Compass, traducido y publicado aquí con su permiso. Original en Anglican Compass: Infant Baptism in the Bible: A Promise For You and Your Children (en inglés)
La Biblia enseña el bautismo de niños como la práctica normal de las familias cristianas. Es extraño, pero las conversaciones sobre el bautismo de niños suelen pasar por alto este hecho fundamental. Hablamos de la tradición de la Iglesia primitiva, de las denominaciones, del método y del modo (y todo eso es importante), pero olvidamos algo de mucho más peso: las Escrituras.
El testimonio bíblico habla una y otra vez del bautismo de niños desde varios ángulos pertinentes. Pedro extiende a los niños la promesa del bautismo en su sermón de Pentecostés. En Hechos y en 1 Corintios, tanto Pedro como Pablo probablemente bautizaron a niños al bautizar a casas enteras. En Colosenses, Pablo señala la circuncisión como un precedente claro del bautismo de niños. En los Evangelios, la insistencia de Jesús en que se dejara llegar a él a los niños da origen al principio del bautismo de niños. En conjunto, el testimonio bíblico sobre el bautismo de niños debería darnos confianza para presentar a nuestros hijos y recibir la promesa de Dios.
La promesa del bautismo de niños
En Pentecostés (en inglés), Pedro incluye a los niños en la promesa que se da por el bautismo. Hechos 2 nos cuenta que los discípulos recibieron el Espíritu Santo y anunciaron el evangelio en las muchas lenguas de los peregrinos reunidos en Jerusalén.
En su célebre sermón, Pedro explica que, aunque el pueblo crucificó a Jesús, él ha resucitado, ha ascendido y ha derramado su Espíritu. Los oyentes «se compungieron de corazón» y preguntaron qué debían hacer. Pedro respondió:
Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
Fíjese sobre todo en que Pedro extiende la promesa del bautismo y del Espíritu Santo a los hijos de los que se arrepienten. «Para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos». Pedro no distingue entre hijos de distintas edades, así que esos hijos incluirían, sin duda, a los niños pequeños.
La práctica del bautismo de niños
Después de Pentecostés, vemos la práctica del bautismo de niños en el ministerio apostólico de Pedro y de Pablo. En cinco ocasiones, recogidas en Hechos y en 1 Corintios, se habla del bautismo de un adulto con toda su casa:
- Cornelio y su casa (Hechos 10)
- Lidia y su casa (Hechos 16)
- El carcelero de Filipos y su casa (Hechos 16)
- Crispo y su casa (Hechos 18)
- Estéfanas y su casa (1 Corintios 1)
La palabra griega para «casa», oikos, se refería a toda la comunidad que vivía y trabajaba junta, incluidos los hijos, la familia extensa, los empleados y los siervos. También aquí la Iglesia sin duda consideraba a los niños pequeños miembros de la casa, y por eso los incluía en el bautismo de la casa. Si el cabeza de una casa se convertía, se daba por supuesto, sin más, que sus hijos también se convertirían.
Fíjese en que ese bautismo de la casa solía incluir la enseñanza de la casa. Una vez que el cabeza de la casa ha creído, se anuncia el evangelio a la casa y toda la familia es bautizada. Pensemos, por ejemplo, en la historia del carcelero de Filipos, que pregunta a Pablo y a Silas qué debe hacer para ser salvo. Pablo responde:
Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos.
En otras palabras, no deberíamos practicar el bautismo de niños sin enseñanza. Más bien, debería ir junto con el anuncio del evangelio a los padres y después a toda la casa.
El precedente del bautismo de niños
En su carta a los Colosenses, Pablo señala la circuncisión como el precedente del bautismo de niños. Enseña que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, con Cristo como cabeza, y que nosotros, los cristianos, estamos ahora completos en Cristo (Colosenses 1:18; 2:10).
En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.
Fíjese en que Pablo describe el bautismo como la «circuncisión no hecha a mano» y como «la circuncisión de Cristo». ¿En qué se parece el bautismo a la circuncisión? Al «echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal», nos unimos al Cuerpo de Cristo y a la familia de Dios.
Ciertamente, la circuncisión se refiere aquí al bautismo en general, tanto de los adultos como de sus hijos. Así como Abraham fue circuncidado de adulto y luego recibió la orden de circuncidar a su descendencia (véase Génesis 17), los cristianos que se bautizan de adultos hacen bautizar después a sus hijos. Esos hijos son adoptados en la familia del pacto y serán criados con la confianza de que «el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Filipenses 1:6).
El principio del bautismo de niños
Por último, los Evangelios cuentan cómo Jesús insiste en que se deje llegar a él a los niños, y ese es el principio que está detrás del bautismo de niños.
La historia es conocida. Un grupo de padres quería llevar a sus hijos a Jesús, y eso provocó reacciones fuertes:
Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. Viéndolo Jesús, se indignó…
Fíjese en que son los discípulos, los dirigentes que Jesús mismo había escogido, los que intentan impedir que la gente presente a sus hijos. Pero Jesús se indigna: el verbo griego es fuerte y también puede significar muy disgustado. Jesús insiste no solo en que los niños deben venir, sino en que incluso los adultos deben recibir el reino de Dios como un niño:
Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.
Hay pasajes paralelos en Mateo y en Lucas; el de Lucas es especialmente interesante, porque usa la palabra griega propia de los niños de pecho, brephos:
Traían a él aun a los niños de pecho para que los tocase.nota del editor E1
Así pues, Jesús insiste en que se deje llegar a él a los niños, incluso a los niños de pecho. Este es el principio que está detrás del bautismo de niños. Es cierto que aquí Jesús no bautiza a los niños, como tampoco bautiza nunca a adultos en los Evangelios. Lo que hace Jesús es establecer el principio de que debemos dejar llegar a los niños a su presencia, sea su presencia física y su bendición en los Evangelios, sea su presencia sacramental y el bautismo en la Iglesia.
Crecer en la fe por el bautismo de niños
Al exponer el testimonio bíblico sobre el bautismo de niños, espero que los lectores crezcan en la fe.
Según mi experiencia, muchos cristianos estadounidenses de todas las denominaciones dudan de que Dios obre de verdad en el bautismo de bebés y niños pequeños, y por medio de él. Queremos que el bautismo sea obra del hombre y no de Dios, ya sea por una idea exagerada de nuestras capacidades o, en cierto sentido, para eximir a Dios de su responsabilidad.
Pero nada muestra la necesidad de la gracia de Dios como el bautismo de un bebé. Porque ¿qué puede hacer ese bebé? Su total dependencia de sus padres da una imagen exacta de la total dependencia que todos tenemos de nuestro Padre que está en los cielos. El bautismo requiere fe, y precisamente por eso el hijo pequeño de un cristiano es un candidato ideal. ¡Todo lo que tiene es fe! Por eso Jesús dice que todos debemos tener esta clase de fe para entrar en el reino de los cielos.nota del editor E2
Cuando Thomas Cranmer preparó el Libro de Oración Común (en inglés), dispuso que en el oficio del bautismo de niños se leyera el pasaje del Evangelio en que Jesús bendice a los niños. Después añadió la siguiente explicación, que nos recuerda que los niños son el ejemplo que Cristo nos pone a todos:
Amados, oyen en este Evangelio las palabras de nuestro Salvador Cristo, que mandó traerle los niños; cómo reprendió a los que querían apartarlos de él; cómo exhorta a todos los hombres a seguir la inocencia de los niños. Pueden ver cómo por su gesto y su acción exteriores mostró su buena voluntad para con ellos; pues los estrechó en los brazos, puso las manos sobre ellos y los bendijo. No duden, pues, sino crean firmemente que él asimismo recibirá favorablemente a este niño presente; que lo abrazará con los brazos de su misericordia; que le dará la bendición de la vida eterna y lo hará partícipe de su reino eterno.
Notas
Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.
Aquí se traduce la versión inglesa que cita el autor, porque su argumento depende de ella. La Reina-Valera 1960 dice: «Traían a él los niños para que los tocase». Volver al texto (nota del editor E1)
El Catecismo del Libro de Oración Común de 1662 trata esta misma cuestión. A la pregunta «¿Qué se requiere de las personas que han de ser bautizadas?», responde: «Arrepentimiento, por el cual renuncian al pecado; y fe, por la cual creen firmemente las promesas que Dios les hace en ese sacramento». Y a la pregunta «¿Por qué, entonces, se bautiza a los niños, si por razón de su tierna edad no pueden cumplir ni lo uno ni lo otro?», responde: «Porque prometen ambas cosas por medio de sus garantes; y ellos mismos quedan obligados a cumplir esa promesa cuando lleguen a la edad debida». Volver al texto (nota del editor E2)