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Los Treinta y Nueve Artículos · Los sacramentos

Entrega 26 de 38 · Artículo XXVII · Del bautismo

Los Treinta y Nueve Artículos: Los sacramentos (3), artículo XXVII

Por Henry Jansma

Publicado el · 7 min de lectura

Artículo de Henry Jansma publicado en Place for Truth, traducido y publicado aquí con permiso del autor. Original en Place for Truth: The 39: The Sacraments (3) (en inglés)

En el índice: Texto del artículo XXVII

Como hemos visto en nuestro estudio de los artículos anteriores de los Treinta y Nueve Artículos, el artículo XXV sostiene que los sacramentos no son solamente insignias y señales de la profesión de los cristianos, sino «[…] ciertos testimonios seguros, y signos eficaces de la gracia y de la buena voluntad de Dios hacia nosotros, por medio de los cuales él obra invisiblemente en nosotros, y no solo aviva, sino que también fortalece y confirma nuestra fe en él». Y, según el artículo XXVI, la indignidad de los ministros no impide el efecto de los sacramentos, puesto que los sacramentos pertenecen a Cristo. A partir de estos principios generales, Cranmer continúa su exposición sobre los sacramentos con un estudio más concreto del sacramento del bautismo.

XXVII. Del bautismo.

El bautismo no es solamente un signo de profesión y una señal de diferencia, por la cual se distingue a los cristianos de los demás que no están bautizados, sino que es también un signo de la regeneración o nuevo nacimiento, por el cual, como por un instrumento, los que reciben rectamente el bautismo son injertados en la Iglesia; las promesas del perdón del pecado y de nuestra adopción para ser hijos de Dios por el Espíritu Santo son visiblemente señaladas y selladas; la fe es confirmada y la gracia aumentada en virtud de la oración a Dios. El bautismo de los niños pequeños debe conservarse sin falta en la Iglesia, por ser sumamente conforme con la institución de Cristo.

El artículo XXVII es casi idéntico al original de Cranmer de 1553, con un cambio en la última frase, que decía: «La costumbre de la Iglesia de bautizar a los niños pequeños es digna de alabanza y sin falta…». La redundancia de Parker en 1563, «…signo y sello de nuestro nuevo nacimiento», se cambió en 1571 por la forma más completa «…signo de la regeneración o nuevo nacimiento», que explica lo que significa el signo y sello visible. nota del editor E1 Es significativo que los dos arzobispos, Cranmer y Parker, tuvieran en mente a los niños de pecho en este artículo, aunque nuestra traducción inglesa diga «niños pequeños» [young children] en la última frase. El original latino de Cranmer usa la palabra parvuli, la que la Vulgata latina emplea con más frecuencia para «niño de pecho». Podemos añadir también que el Libro de Oración Común de Cranmer de 1549 y el de 1552 no tenían un oficio de bautismo para adultos. Aparece por primera vez en 1662.

Cuando llegamos a lo concreto del artículo, se enumeran cuatro doctrinas:

El niño bautizado, que recibe el bautismo, es injertado en la Iglesia. El niño bautizado entra en la Iglesia visible —recordemos que, según el artículo XXVI, la Iglesia visible es una mezcla de convertidos y no convertidos—, pero queda bajo los medios visibles de la gracia de Dios, en la predicación de la pura palabra de Dios (artículo XIX).

La promesa de Dios del perdón del pecado y de la adopción como hijos e hijas de Dios por el poder del Espíritu Santo es visiblemente señalada y sellada: la seguridad que da el bautismo recibido «rectamente», es decir, por la fe en la promesa de Dios de que el que comenzó en usted la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6).

El don de la fe (en aquellos a quienes Dios ha escogido soberanamente y llamado eficazmente: artículo XVII) será confirmado. El bautismo fortalece y confirma la fe porque, una vez recibida con confianza la promesa, sirve de garantía por sí mismo de que lo que se captó como signo se cumplirá en la realidad.

La gracia de Dios aumenta por la oración. La gracia de Dios da fruto en nuestra vida a medida que vivimos en la obediencia de la fe, buscándolo en oración. Aquí el artículo es deliberadamente general en su aplicación, para que queden incluidas las oraciones de los padres y de los padrinos por el niño y la intercesión del propio niño.

El artículo explica con cuidado la manera en que el Espíritu se sirve del bautismo a lo largo de toda la vida del creyente, y así evita dos errores de la época que siguen siendo comunes hoy entre los anglicanos de Norteamérica. El primero es el error de quienes subjetivizan tanto el simbolismo del signo del agua que el creyente se vuelve hacia dentro, hacia sus propias acciones, decisiones y experiencias. Esa interioridad va contra el evangelio y distorsiona la realidad de la fe salvadora: la fe que se aparta de nuestros propios recursos y obras para volverse a la sublime gracia que el creyente tiene en el Señor Jesucristo. El segundo error es la doctrina católica romana ex opere operato, que afirma que el signo de la regeneración que es el bautismo es eficaz por el simple hecho de usarse. Recibir el signo del agua pasa a ser recibir lo que significa: la regeneración espiritual. Y no deja lugar a esa misma fe salvadora que halla a Cristo mismo descubierto en el signo, ni al ministerio continuo del Espíritu Santo.

Los Treinta y Nueve Artículos, como otras confesiones reformadas, son claros sobre la relación entre el bautismo y la regeneración. Es importante que los anglicanos noten una vez más que los formularios históricos deben leerse como un todo: los Artículos fijan la teología del Libro de Oración Común, y el Libro de Oración Común aporta detalle y matiz a los Artículos. Considere la oración de acción de gracias del «Bautismo público de niños» de 1552/1662, que a menudo se usa como texto probatorio de la regeneración bautismal:

Te damos gracias de todo corazón, Padre misericordiosísimo, porque te ha placido regenerar a este niño con tu Espíritu Santo, recibirlo como hijo tuyo por adopción, e incorporarlo en tu santa Iglesia. Y humildemente te suplicamos que concedas que él, muerto al pecado, vivo para la justicia, y sepultado con Cristo en su muerte, crucifique al hombre viejo y destruya por completo todo el cuerpo del pecado; y que, así como ha sido hecho partícipe de la muerte de tu Hijo, sea también partícipe de su resurrección; para que finalmente, con el resto de tu santa Iglesia, sea heredero de tu reino eterno; por Cristo nuestro Señor. Amén.

Para torcer el sentido de la oración y hacerle decir que todo niño que recibe el signo del bautismo es regenerado por el Espíritu Santo, ¡hay que descartar también lo que el artículo XVII ha dicho sobre la elección! Está claro que nuestros antepasados anglicanos pensaban que el bautismo de niños solo era eficaz para los elegidos, hasta que los romanizantes marginales que siguieron al arzobispo Laud dieron demasiado peso a este punto en las décadas de 1620 y 1630.

En cambio, podemos ver de nuevo cómo se afirma la sola Scriptura. El artículo XXVII y el Libro de Oración siguen Hechos 2:38 en la manera en que el bautismo con agua marca exteriormente el bautismo con el Espíritu, que nos introduce en la vida de unión con Cristo: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo». Aquí el arrepentimiento, el bautismo con agua, el perdón de los pecados y el don del Espíritu se ven como aspectos correlativos de la única realidad de la entrada en Cristo. Es el Espíritu de Dios el que nos trae el perdón y la salvación. La fe se confirma y aumenta al apropiarse de todo lo que el bautismo con agua significa y sella. Observe que lo que se señala y se sella no es la fe, sino Cristo. El artículo XXVII nos recuerda que la obra del Espíritu al engendrar y activar la fe es el medio entre el signo y la realidad significada. Como nos recuerda el apóstol Pablo, Dios «nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo» (Tito 3:5; cf. Efesios 5:26; Hebreos 10:22).

Notas

Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.

  1. «Signo y sello de nuestro nuevo nacimiento» es la forma inglesa de 1553, de Cranmer, en los Cuarenta y Dos Artículos; la revisión isabelina la cambió por «signo de la regeneración o nuevo nacimiento». El latín de 1553 ya decía signum regenerationis. Volver al texto (nota del editor E1)

Original: The 39: The Sacraments (3), de Henry Jansma.

Publicado en Place for Truth, de la Alliance of Confessing Evangelicals, el 22 de junio de 2018. Traducción de Anglicanismo.com, publicada con permiso del autor. Las notas del editor son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.