¿Qué son las Declaraciones Fundamentales de la ACNA?
Por Andrew Brashier
Publicado el · 7 min de lectura
Artículo de Anglican Compass, traducido y publicado aquí con su permiso. Original en Anglican Compass: What are the Fundamental Declarations of the ACNA? (en inglés)
¿Qué es fundamental? Los cristianos deberían hacerse esta pregunta, porque lo que tenemos por fundamental define nuestras convicciones esenciales, las verdades que no cambian y lo imprescindible. La Iglesia Anglicana en Norteamérica (ACNA) lo definió al formarse, en las Declaraciones Fundamentales. Estas siete afirmaciones están recogidas en el artículo I de su Constitución y, además, impresas en las pp. 766 y 767, en la sección de Fundamentos documentales del Libro de Oración Común de 2019 (en inglés).
¿Qué tienen por fundamental el clero y los laicos de la ACNA? Las declaraciones empiezan con un párrafo que afianza nuestra identidad como «parte de la Iglesia de Cristo, una, santa, católica y apostólica», y que arraiga nuestra fe al confesar que «Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida: nadie viene al Padre sino por él». Así vemos que la ACNA no se separa de la Iglesia católica (universal), sino que pertenece a ella precisamente porque profesa y confiesa la fe antigua, edificada solo sobre Cristo.
¿Qué es el camino anglicano?
La ACNA identifica «los siete elementos siguientes como característicos del camino anglicano», y son un resumen teológico conciso para cualquiera que tenga curiosidad por el anglicanismo.
La Palabra
Primero, el Antiguo y el Nuevo Testamento (en inglés) son «la Palabra de Dios inspirada» y, por tanto, dignos de confianza, porque «contienen todo lo necesario para la salvación, y son la autoridad final y la norma inmutable de la fe y la vida cristianas». Los anglicanos estamos bajo la autoridad de la Sagrada Escritura: donde ella habla, Dios ha hablado, y nosotros confiamos y obedecemos.
El sacramento
Segundo, estamos anclados en el «bautismo (en inglés) y la Cena del Señor (en inglés)», que fueron «ordenados por Cristo mismo» como los sacramentos del evangelio, y que deben «administrarse usando siempre sus palabras de institución y los elementos que él ordenó». Entramos en la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, por las aguas del bautismo y en el nombre del Dios trino, y nos alimentamos de Cristo por medio del pan y el vino consagrados. No se pueden sustituir los elementos, porque estamos bajo la autoridad de Cristo en sus Sagradas Escrituras inspiradas.
El episcopado
Los dos primeros puntos destacan la Palabra y el sacramento; el tercero añade una convicción propia de los anglicanos: «el piadoso episcopado histórico, como parte inherente de la fe y la práctica apostólicas y, por tanto, como parte integrante de la plenitud y la unidad del cuerpo de Cristo». Por caridad, no les negamos el nombre de iglesia a los cristianos que no tienen el episcopado histórico; pero, por claridad, proclamamos que sin él falta plenitud, y lo hacemos sobre la base de la fe antigua y de la tradición primitiva que recogen las Escrituras y los primeros Padres de la Iglesia.
Los credos y los concilios
Después, las declaraciones pasan a la confesión de la Iglesia en su conjunto. En el punto 4, la ACNA recibe y confiesa los credos católicos de la Iglesia indivisa, probados por la Sagrada Escritura (¡otra vez el punto 1!). Esos credos son el Credo de los Apóstoles (en inglés), que se usa normalmente en el bautismo y en el oficio diario; el Credo Niceno (en inglés), que se usa en la Santa Comunión; y el Credo de San Atanasio (en inglés), el gran resumen occidental de la doctrina de la Trinidad, que se usa el Domingo de la Trinidad y trece veces al año en el Libro de Oración Común de 1662.
El punto 5 nos presenta los siete grandes «concilios de la Iglesia indivisa», que comúnmente se llaman concilios ecuménicos. Los cristianos todavía discuten qué concilios cuentan y cuántos merecen el nombre de ecuménicos. La ACNA, con prudencia, afirma «la enseñanza de los cuatro primeros concilios», como hizo san Gregorio Magno. Esos cuatro primeros nos recuerdan, de un modo poético, las cuatro columnas que son los Evangelios. Con todo, la ACNA recibe los tres concilios siguientes de la Iglesia indivisa (antes de que Oriente y Occidente se separaran en la ortodoxia oriental y el catolicismo romano) por sus «aclaraciones cristológicas…, en cuanto concuerdan con las Sagradas Escrituras».
Una vez más, la ACNA es fiel ante todo a las Sagradas Escrituras, y a la vez recibe las doctrinas antiguas de la Iglesia indivisa.
Formados por los formularios
A partir de estos fundamentos antiguos, la ACNA pasa a los formularios anglicanos.
El Libro de Oración y el Ordinal
El punto 6 establece el Libro de Oración Común de 1662 (en inglés) y el Ordinal anexo a él «como norma de la doctrina y la disciplina anglicanas». Este libro de oración tradicional sirve de guía y de estrella polar (junto con las Declaraciones Fundamentales anteriores) para entender la doctrina y para ejercer la disciplina dentro de la Iglesia. Sin embargo, nuestro culto no está encerrado en las liturgias de 1662, porque los anglicanos de todo el mundo las han adaptado a cada lugar. Por eso, «los Libros que lo precedieron», es decir, las ediciones de 1549, 1552 y 1559, son «la norma de la tradición anglicana de culto». En otras palabras, nuestro culto no se somete a los gustos personales de un rector ni a las modas culturales, sino que sigue y refleja el culto antiguo de los cristianos de habla inglesa a lo largo de los siglos. nota del editor E1
Los Treinta y Nueve Artículos
Junto al Libro de Oración, el punto 7 recibe «los Treinta y Nueve Artículos de Religión de 1571… como expresión de principios fundamentales de la auténtica creencia anglicana». Los Artículos de Religión tienen autoridad en la ACNA; sin embargo, algunas disputas con Roma han cambiado porque Roma ha cambiado. Por ejemplo, Roma celebra hoy el culto en la lengua del pueblo.
Por eso, con caridad, la ACNA señala que los Artículos expresan «la respuesta anglicana a ciertas cuestiones doctrinales que se discutían en aquel tiempo». ¿Cómo debemos leerlos hoy? La ACNA toma prestadas palabras del prefacio del rey Carlos I y explica que los lectores deben entenderlos «en su sentido literal y gramatical», además de situarlos en las controversias que hubo entre la Iglesia de Inglaterra y Roma durante la Reforma.
El contexto manda, pero el contexto no los vuelve irrelevantes, porque la ACNA los proclama dentro de las Declaraciones Fundamentales como «expresión de principios fundamentales» para cualquiera que diga sostener «la auténtica creencia anglicana».
Conclusión
Las Declaraciones Fundamentales terminan donde empezaron. El último párrafo declara el propósito de sostener y mantener estos siete puntos «con la ayuda de Dios» y «tal como el camino anglicano los ha recibido». La ACNA busca mantener la fe cristiana en su integridad, es decir, «la doctrina, la disciplina y el culto de Cristo, y transmitirlos intactos a nuestra posteridad». La ACNA se compromete a llevar el evangelio a Norteamérica, desde nuestros hijos hasta nuestro prójimo. Busca la unidad en todo el mundo con los demás anglicanos, en la medida en que quienes se presentan bajo el nombre de anglicanos «sostengan y mantengan la fe, la doctrina, los sacramentos y la disciplina históricos de la Iglesia una, santa, católica y apostólica».
Así que tome y lea las Declaraciones Fundamentales, y recuerde, o aprenda por primera vez, lo que creen los anglicanos de Norteamérica. Deje que estos siete puntos breves le sirvan de guía para seguir estudiando: empiezan por la Escritura, avanzan por el camino de la doctrina católica y ortodoxa de siempre, y se presentan en los formularios anglicanos que se destilaron durante la Reforma.
Notas
Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.
El punto 6 recibe el Libro de Oración Común de 1662, con su Ordinal, «como norma de la doctrina y la disciplina anglicanas» y, «junto con los Libros que lo precedieron», como «la norma de la tradición anglicana de culto». Es decir, la norma de culto es el de 1662 junto con los anteriores. Volver al texto (nota del editor E1)