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Artículos · Lectura 4 de 10

Un pueblo de un solo libro

Por Joseph Whitenton

Publicado en inglés el 19 de enero de 2024 · 7 min de lectura

Artículo de Anglican Compass, traducido y publicado aquí con su permiso. Original en Anglican Compass: A People of One Book (en inglés)

Anciana con manto rojo y tocado dorado que lee un gran libro abierto, con la mano sobre la página, iluminada en la penumbra
Anciana leyendo, probablemente la profetisa Ana, Rembrandt, 1631. Dominio público. Ver en Wikimedia Commons: Anciana leyendo, probablemente la profetisa Ana

«Quiero saber una sola cosa: el camino al cielo… Sea yo homo unius libri [hombre de un solo libro]. Aquí estoy, pues, lejos de los caminos bulliciosos de los hombres. Me siento a solas: solo Dios está aquí. En su presencia abro y leo su libro; con este fin: hallar el camino al cielo».1 (nota)

Hombre de un solo libro. Esta expresión, en su origen latina, se atribuye a santo Tomás de Aquino, aunque quizá no sea suya. El predicador y evangelista anglicano John Wesley tomó esta idea de su héroe, Jeremy Taylor, otro importante teólogo anglicano. Wesley quería que su movimiento de renovación, que reavivó la Iglesia de Inglaterra, fuera más profundo que todo lo que la Iglesia ofrecía entonces, pero también más sencillo. Es un impulso recto y bueno que vemos a lo largo de los siglos de la Iglesia. Wesley era un hombre de la Ilustración, pero su deseo de un corazón y una mente centrados solo en la Biblia tiene raíces profundas en la tradición anglicana.

La Biblia: una tradición anglicana

Amo nuestra tradición anglicana por muchas razones. Ha sido mi hogar durante la mayor parte de mi camino con Cristo, y siempre me he sentido en casa en ella. Podría hablar sin parar de nuestra maravillosa liturgia, del año cristiano (en inglés), de los maravillosos santos (en inglés) y teólogos de nuestra tradición, o de la catolicidad reformada, hermosamente equilibrada, de nuestra doctrina. En las iglesias en que he servido, suelo compartir los bancos con muchas personas que, a diferencia de mí, han llegado al anglicanismo después de leer algunos libros o de pasar por algunas malas experiencias en otras iglesias. El anglicanismo atrae a todo tipo de personas por todo tipo de razones.

Aun así, a veces pienso que nada de eso es lo que de verdad hace que la gente ame nuestra tradición. Creo que, en definitiva, es porque el anglicanismo es un vehículo para una sola cosa: la santa Palabra de Dios. Nosotros, como Wesley, somos un pueblo de un solo libro. Cada domingo leemos cuatro pasajes tomados directamente de la Biblia, y cada día leemos cuatro pasajes de la Escritura en la Oración Matutina (en inglés) y en la Oración Vespertina (en inglés). Nuestro Libro de Oración es, en esencia, simplemente la Biblia ordenada para la oración (en inglés).

Llevo todos mis años de cristiano comprometido con esta tradición, y eso me ha convertido, a veces contra mi propia voluntad, en un «hombre de un solo libro». Al escuchar la Palabra proclamada domingo tras domingo y al orar personalmente día tras día, puedo decir con sinceridad que conozco muy bien la Biblia. Lo digo con total humildad. Como dije, si hubiera dependido de mí, no habría tenido tanto contacto con la Escritura como he tenido. Pero hace poco he ido aprendiendo que hay algo más que el mero contacto, algo más que el simple conocimiento acerca de la Palabra.

Alimento para los que tienen hambre

Una de las partes más olvidadas de nuestros formularios anglicanos, el Libro de Homilías, empieza con una exhortación vibrante a meterse de lleno en el Libro. El arzobispo Cranmer le pregunta a su pueblo: «¿Qué excusa presentaremos, por tanto, en el último día, ante Cristo, los que nos deleitamos en oír las fantasías e invenciones de los hombres más que su santísimo evangelio? ¿Y no hallaremos tiempo para hacer lo que deberíamos hacer por encima de todo…?».2 (nota) ¿Cree usted que perder el tiempo en Netflix y en los videojuegos es un problema moderno? Ya en las primeras décadas de la Reforma, cuando la Biblia se puso por primera vez al alcance del pueblo inglés, se dejaban de lado las Escrituras por cosas que parecían más entretenidas.

Muchos de nosotros, en la Iglesia, nos sentimos a menudo culpables por no leer la Biblia lo suficiente, aunque tenemos muchas traducciones, biblias de estudio asequibles y montones de recursos en internet. Conozco a mucha gente que ya este enero ha vuelto a comprometerse con un plan para leer la Biblia en un año. Sin restar valor a un compromiso tan bueno, muchas veces estos propósitos de cada año nos recuerdan lo que descuidamos el año anterior. Para ser del todo sincero, mi tiempo de pantalla no ha subido por YouVersion ni por BibleProject. Hay demasiadas cosas emocionantes, aparte de la Biblia, a las que dedicarse. Hoy un flujo constante de contenidos domina toda nuestra existencia. Al menos consuela saber que no es nada nuevo. Cranmer percibió la misma tendencia a distraerse en su tiempo.

Pero Cranmer no habla solo de la frecuencia con que leemos la Biblia en comparación con otras cosas. Hay una actitud propia para leer bien la Escritura:

Así como la bebida es agradable para los que tienen sed, y el alimento para los que tienen hambre, así lo es la lectura, la audición, el examen y el estudio de la Sagrada Escritura para quienes desean conocer a Dios o conocerse a sí mismos, y hacer su voluntad.3 (nota)

Esto lo dice el mismo arzobispo que cada Adviento nos recuerda que debemos «asimilar interiormente» la Escritura. La Biblia es alimento. Es el Pan de vida. Es lo que mantiene vivos a los cristianos. Eso exige algo más que mucho contacto con la Biblia. Exige una lectura profunda, más profunda aún que encontrar inspiración en un versículo o que extraer doctrina del texto.

Cómo acercarnos al alimento celestial

Como pueden decirle muchos que crecieron en Awana, el cielo no se nos abrirá por aprobar un examen bíblico. Como le dirá la Biblia, el cielo se nos abre cuando confiamos en Jesús. La Palabra de Dios no es simplemente un fin en sí misma, sino un medio para la comunión con el Señor Jesús. Es un puente hacia la vida, hacia lo único que de verdad necesitamos. ¿Cómo debemos, entonces, acercarnos a este alimento celestial?

En un librito estupendo sobre la práctica de la lectio divina, titulado Sacred Reading, Michael Casey, monje de la abadía de Tarrawarra, en Australia, nos recuerda que los primeros monjes en realidad tenían un solo libro. No necesitaban que el reverendo Wesley les recordara que leyeran con atención. De hecho, no tenían la opción de leer otros libros. Por esa escasez de libros, leían cada libro con una atención y un anhelo de conocer con el corazón muy distintos de nuestra manera moderna y distraída de leer. «Era la escasez de libros la que imponía el estilo de lectura», escribe Casey. «No había lugar para la lectura ligera».4 (nota) ¿Y si leyéramos la Biblia como si de verdad no hubiera otra cosa que hacer?

Søren Kierkegaard tiene un libro titulado La pureza de corazón es querer una sola cosa. Eso es lo que hacen los santos. Los santos escuchan un solo punto de vista. No son polifacéticos ni equilibrados. No se ponen a sopesar sus opciones. Su bibliografía es muy corta. David dijo que los Salmos eran una lámpara a sus pies. ¿Qué es lo que alumbra mi camino? ¿Voy dando tumbos por el mundo porque no me he entregado a la Luz del mundo? ¿Dónde oigo la voz de Dios cada día? Como anglicano, puedo darle una respuesta muy clara y sencilla. Alabado sea Dios por esta maravillosa tradición del anglicanismo, que ha comenzado y terminado todos mis días como cristiano de la manera correcta: con los ojos puestos en el Libro. (nota del editor E1)

Nota del editor · E1

En el Salmo 119:105, la lámpara es la palabra de Dios: «Lámpara es a mis pies tu palabra».

Notas

  1. John Wesley, prefacio a Sermons on Several Occasions, vol. 1. Volver al texto (nota 1)

  2. Thomas Cranmer (traducción de Lee Gatiss), «On The Reading of Scripture», en The First Book of Homilies: The Church of England’s Official Sermons in Modern English, Lost Coin Books, 2021, p. 38. (nota del editor E2) Volver al texto (nota 2)

    Nota del editor · E2

    Las dos citas de esta homilía (notas 2 y 3) se dan en el texto del Primer libro de Homilías que publican catolicismoreformado.com y anglicanismo.com, en la homilía «Una exhortación fructífera a la lectura y conocimiento de la Sagrada Escritura». El autor las cita por la versión inglesa moderna de Lee Gatiss.

  3. Cranmer, p. 32. Volver al texto (nota 3)

  4. Michael Casey, Sacred Reading: The Ancient Art of Lectio Divina, Liguori Publications, 1996. Volver al texto (nota 4)

Original: A People of One Book, de Joseph Whitenton.

Publicado en Anglican Compass el 19 de enero de 2024 y revisado el 8 de junio de 2024. Traducción de Anglicanismo.com, publicada con permiso de Anglican Compass. Las notas del editor son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.