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La confesión de fe de la Comunión Anglicana Global

Por Steven Wedgeworth

Publicado el · 6 min de lectura

Artículo de Steven Wedgeworth publicado en Ad Fontes, traducido y publicado aquí con permiso del autor. Original en Ad Fontes: The Confession of Faith of the Global Anglican Communion (en inglés)

Vista de Jerusalén desde el monte de los Olivos: las murallas y la ciudad al fondo, y en primer plano la ladera rocosa con dos figuras sentadas
Jerusalén desde el monte de los Olivos, Edward Lear, 1858-1859. Dominio público. Ver en Wikimedia Commons: Jerusalén desde el monte de los Olivos

La reciente reunión de los anglicanos globales en Abuja (Nigeria) ha dejado un poco de confusión. ¿Qué pasó exactamente allí? Volveré sobre ello en próximos ensayos y entregas. Pero de esa reunión salió por lo menos una cosa muy buena. En la «Afirmación de Abuja» se nos dice:

La Declaración de Jerusalén, que incluye los Formularios de la Reforma, expresa nuestra confesión común de la verdad bíblica, nuestra fe compartida y nuestra convicción comunitaria.

Más adelante hay una cita de una reunión anglicana anterior, con esta afirmación añadida: «La Comunión Anglicana Global es un regreso a este sentido histórico de la Comunión Anglicana como “una comunidad de provincias autónomas unidas por los Formularios de la Reforma”».

Así pues, «los Formularios de la Reforma» se nombran dos veces como norma de fe y de práctica. «¿Es eso de verdad algo revolucionario?», podría preguntar usted. No debería serlo. Históricamente, es innegable que la Iglesia de Inglaterra y también la Iglesia Episcopal Protestante en los Estados Unidos sostenían los Treinta y Nueve Artículos, el Libro de Oración Común y el Ordinal como sus normas doctrinales y litúrgicas. Pero, por desgracia, esto no ha estado tan claro desde hace por lo menos cien años. Ni siquiera la propia Iglesia Anglicana en Norteamérica (ACNA) es siempre todo lo clara que podría ser en estos puntos. A veces dice simplemente que los Treinta y Nueve Artículos son «la respuesta anglicana a ciertas cuestiones doctrinales que se discutían en aquel tiempo» y un documento que expresa «principios fundamentales de la auténtica fe anglicana». Esa manera de expresarlo me parece un poco demasiado evasiva. La razón de esta afirmación a medias (¿o quizá a dos tercios?) es que la Iglesia Episcopal había relegado los Treinta y Nueve Artículos a la sección de «documentos históricos» de sus archivos. (Nunca logró cambiar del todo su constitución, pero sí parece haber convencido a bastante gente de que eso no importaba demasiado). Por eso es muy bueno que ACNA haya adoptado también la Declaración de Jerusalén. Los anglicanos globales nos han hecho un gran servicio al aclarar el lugar central de los Formularios de la Reforma.

¿Qué más dice la Declaración de Jerusalén? Aquí está completa:

  1. Nos regocijamos en el evangelio de Dios, por el cual hemos sido salvados por gracia mediante la fe en Jesucristo, por el poder del Espíritu Santo. Porque Dios nos amó primero, nosotros lo amamos y, como creyentes, damos frutos de amor, arrepentimiento continuo, esperanza viva y acción de gracias a Dios en todas las cosas.
  1. Creemos que las Sagradas Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento son la Palabra de Dios escrita y que contienen todo lo necesario para la salvación. La Biblia ha de traducirse, leerse, predicarse, enseñarse y obedecerse en su sentido llano y canónico, con respeto a la lectura histórica y de consenso de la Iglesia.
  1. Sostenemos los cuatro Concilios Ecuménicos y los tres Credos históricos como expresión de la regla de fe de la Iglesia una, santa, católica y apostólica.
  1. Sostenemos que los Treinta y Nueve Artículos contienen la verdadera doctrina de la Iglesia, conforme a la Palabra de Dios, y que tienen autoridad para los anglicanos de hoy.
  1. Con alegría proclamamos el señorío único y universal de Jesucristo, el Hijo de Dios, único Salvador que libra a la humanidad del pecado, del juicio y del infierno, y nos sometemos a ese señorío. Él vivió la vida que nosotros no podíamos vivir y murió la muerte que nosotros merecemos. Por su muerte expiatoria y su gloriosa resurrección, aseguró la redención de todos los que vienen a él con arrepentimiento y fe.
  1. Nos regocijamos en nuestra herencia anglicana sacramental y litúrgica como expresión del evangelio, y sostenemos el Libro de Oración Común de 1662 como un estándar verdadero y con autoridad para el culto y la oración, que ha de traducirse y adaptarse localmente a cada cultura.
  1. Reconocemos que Dios ha llamado y dotado a obispos, presbíteros y diáconos en sucesión histórica para capacitar a todo el pueblo de Dios para su ministerio en el mundo. Sostenemos el Ordinal anglicano clásico como un estándar con autoridad para las órdenes clericales.
  1. Reconocemos que Dios ha creado al ser humano como hombre y mujer, y reconocemos el inmutable estándar del matrimonio cristiano entre un hombre y una mujer como el lugar apropiado para la intimidad sexual y la base de la familia. Nos arrepentimos de nuestros fracasos en mantener este estándar, y pedimos un compromiso renovado con la fidelidad de por vida en el matrimonio y con la abstinencia para quienes no están casados.
  1. Aceptamos con alegría la Gran Comisión del Señor resucitado de hacer discípulos a todas las naciones, de buscar a los que no conocen a Cristo, y de bautizar, enseñar y llevar a la madurez a los nuevos creyentes.
  1. Somos conscientes de nuestra responsabilidad de ser buenos administradores de la creación de Dios, de defender y promover la justicia en la sociedad, y de buscar el alivio y el empoderamiento de los pobres y necesitados.
  1. Estamos comprometidos con la unidad de todos los que conocen y aman a Cristo y con la construcción de auténticas relaciones ecuménicas. Reconocemos las órdenes y la jurisdicción de los anglicanos que sostienen la fe y la práctica ortodoxas, y los animamos a unirse a nosotros en esta declaración.
  1. Celebramos la diversidad que Dios nos ha dado y que enriquece nuestra comunidad global, y reconocemos la libertad en las cuestiones secundarias. Nos comprometemos a trabajar juntos para buscar el sentir de Cristo en las cuestiones que nos dividen.
  1. Rechazamos la autoridad de las iglesias y los líderes que han negado la fe ortodoxa de palabra o de obra. Oramos por ellos y los llamamos a arrepentirse y a volver al Señor.
  1. Nos regocijamos en la perspectiva del regreso de Jesús en gloria y, mientras esperamos este acontecimiento final de la historia, lo alabamos por la manera en que edifica su Iglesia por medio de su Espíritu, cambiando vidas de forma milagrosa.

Nota del editor

GAFCON publicó una versión castellana de la Declaración de Jerusalén (copia en el Internet Archive). Aquí se traduce del inglés que cita el autor, porque en algunos puntos esa versión dice otra cosa. Por ejemplo, en el 4 y el 6, sobre la autoridad de los Treinta y Nueve Artículos y del Libro de Oración Común.

Original: The Confession of Faith of the Global Anglican Communion, de Steven Wedgeworth.

Publicado en Ad Fontes el 11 de marzo de 2026. Traducción de Anglicanismo.com, publicada con permiso del autor. Las notas del editor son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.

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