El proceso anglicano de ordenación: guía anglicana para principiantes
Por Duane Miller
Publicado el · 10 min de lectura
Artículo de Anglican Compass, traducido y publicado aquí con su permiso. Original en Anglican Compass: The Anglican Ordination Process: A Rookie Anglican Guide (en inglés)
Usted está pensando en el ministerio ordenado en tal o cual comunidad anglicana. Si necesita orientación para discernirlo, lea este artículo. Quizá ya está ordenado en otra denominación. Quizá lleva años sirviendo en el ministerio, pero como laico (esa fue mi experiencia). ¿Qué pautas generales y qué cosas conviene tener en cuenta al empezar a explorar este posible futuro? El propósito de este artículo es darle algunas ideas generales.
Como siempre, una advertencia: hay muchas maneras de ser anglicano, así que algunos de estos puntos le servirán más que otros. De hecho, puede que su propia experiencia vaya en contra de algunos de ellos. Me parece bien. Solo puedo decir que esto sale de quince años de servicio en el ministerio anglicano y del trato con anglicanos de más de una docena de provincias. Este es un recorrido básico por el proceso de ordenación.
La ordenación empieza por el párroco
El párroco suele hacer de mediador entre la parroquia (la congregación local) y el obispo. Algunos feligreses conocen bien al obispo y le mandan un mensaje o un correo, pero no es lo habitual. Lo normal es que sea el párroco quien trata con el obispo y con el gobierno diocesano, ya sea formando parte de alguna comisión, presentando informes o preparando las visitas episcopales.
Muchos obispos que reciben correos o llamadas sobre la ordenación remiten por instinto a quien pregunta a su párroco. Tiene sentido: la mayoría de los ordenados ejercerán como pastores de alguna clase. Si su pastor anglicano no lo conoce y no puede recomendarlo al obispo, que es el pastor de la diócesis, eso no es un buen punto de partida. En resumen: si tiene curiosidad por el proceso de ordenación, ¡busque un pastor anglicano de su zona con quien hablar!
Pregúntese por qué es llamado a la ordenación anglicana
No sé cuántas veces me preguntaron: «Pero ¿por qué siente un llamamiento al ministerio ordenado?». Yo ya tenía un doctorado en teología y una década de ministerio a tiempo completo, y aun así me lo preguntaron muchas veces. Llegó a exasperarme, pero, mirándolo ahora, lo entiendo.
Hay muchas malas razones para buscar la ordenación: el poder, el control, la estima, la reputación, pensar que eso lo acercará a Dios (sí y no; eso es tema de otro artículo), etc. Vale la pena pensarlo: ¿qué podrá hacer como ministro ordenado que no pueda hacer como ministro laico? Quizá le encanta enseñar, evangelizar y aconsejar. No hace falta, en realidad, estar ordenado para eso. Muchas diócesis tienen diaconado permanente, así que quizá deba pensar si se siente llamado al diaconado más que al presbiterado. Yo, personalmente, me sentí llamado al episcopado desde el principio. (Es una broma.)
Sea paciente y humilde en el proceso de ordenación
En serio: puede que tenga un obispo que de verdad quiera ordenarlo, pero a menudo hay limitaciones y normas canónicas que no admiten prisas. Yo tuve que hacer unas prácticas sin sueldo en un albergue para personas sin hogar y medio año de Educación Pastoral Clínica (CPE, por sus siglas en inglés) en un hospital infantil. Otra vez: todo eso después de diez años de ministerio y con un doctorado en teología.
Para ser sincero, me pareció un poco humillante. Pero, en palabras de T. S. Eliot: «la humildad no tiene fin». O de la madre Teresa: «La única manera de aprender humildad es ser humillado». Mirándolo ahora, aquellas experiencias en el hospital infantil (ayudar a una niña pequeña a decir su primera oración, acompañar a la madre de un joven que había intentado suicidarse y que nunca volvería a estar consciente) no las cambiaría por nada.
Sea paciente. Sea humilde. Puede que ya tenga una maestría en divinidad (M.Div.) excelente, pero quizá le pidan que tome algunas clases (o muchas) de estudios anglicanos. ¿Le piden que haga cursos en línea sobre algo que está seguro de que ya sabe? ¿Lo ponen bajo la supervisión de alguien que, según usted, tiene menos experiencia? Con toda sinceridad: si no puede con la humillación, no debería ser presbítero, y aunque llegue a ordenarse, no será uno bueno. Se lo digo con total franqueza.
Conozca a las comisiones de ordenación
Aunque cada diócesis anglicana tiene su propia cultura y sus propios procedimientos, lo más probable es que tenga que reunirse con al menos una comisión o comité, o que lo entrevisten. Le harán preguntas que quizá le parezcan raras, inútiles o entrometidas. ¿Sabe qué? Esas son las mismas personas que un día serán sus feligreses, o personas como ellas.
Trabaje con estos grupos. Aprenda de ellos; aprenda sobre la cultura de su parroquia o misión y sobre la de la diócesis. ¿Hay valores, palabras o temas que vuelven a salir? Haya o no ordenación, esto puede ayudarle a conocer mejor su iglesia regional y a ser un mejor servidor y una voz más firme en esa comunidad.
La diócesis es el centro de la ordenación
Una vez oí decir a un clérigo veterano que la mayoría de los anglicanos viven como congregacionalistas. Creo que quería decir que el funcionamiento diario de la parroquia tiene poco que ver con la diócesis. Eso es cierto muchas veces, pero el discernimiento lo pone a uno en contacto con los mecanismos ocultos que sostienen la vida diocesana. ¡Y eso es bueno! Si más adelante recibe la ordenación, pasará a ser una pieza de esa maquinaria. Algunos presbíteros casi no tienen papel en la vida de la diócesis más allá de su congregación; otros tienen una influencia enorme. Pero lo cierto es que, una vez ordenado, usted es parte integrante de la diócesis.
Eso significa más de lo que parece: su hogar principal es la diócesis, no la parroquia ni la provincia. Significa también que, aunque su diócesis pertenezca a una provincia (la Iglesia Anglicana en Norteamérica [ACNA], la Iglesia Episcopal [TEC], la que sea), si su diócesis la deja, usted también la deja, por defecto, salvo que decida claramente otra cosa. No pasa a menudo, pero pasa.
Su ordenación: validez y límites
Pertenecer a una diócesis significa también otra cosa. Probablemente, la Comunión Anglicana, la Conferencia Global sobre el Futuro Anglicano (GAFCON) o ambas reconocerán su ordenación como válida. Aun así, en rigor, usted no puede actuar como presbítero fuera de su diócesis sin pedir antes permiso al obispo ordinario de esa otra diócesis. Si se muda a otra ciudad, en otra diócesis, su antiguo obispo y su (posible) nuevo obispo tendrán que ponerse de acuerdo para permitirle oficiar en la nueva ciudad o pueblo.
Son muchos tecnicismos. Hoy algunos se pasan por alto, pero así son las cosas. Expresan una aspiración a la integridad y la santidad (en inglés, wholeness y holiness tienen la misma raíz). Pero, al final, el hogar del ordenado es la diócesis, no la parroquia, la provincia ni la comunión mundial. Los primados y los arzobispos no son más que obispos con ciertas prerrogativas administrativas. La Biblia reconoce a los obispos como pastores de la iglesia local o diócesis.
Tenga un plan claro para su ordenación
¡Basta de teoría canónica! A medida que avance, alguien le preguntará: «¿Qué quiere hacer si lo ordenan?». Quizá sienta de verdad que se pondrá por completo a disposición de su obispo, porque da un paso de fe. Esa clase de fe puede ser muy deseable, pero algunos obispos y comisiones buscan también sentido práctico: el arte de atenerse a lo real.
Prepare una respuesta parecida a esta: «Me gustaría seguir con mi trabajo en [lo que sea, que me da un sueldo] mientras ayudo en el ministerio de [lo que sea], reforzando nuestra labor entre [quienes sean] y centrándome en ella». Y luego puede añadir: «Pero también estoy abierto a considerar cualquier otra necesidad del ministerio». Solo añádalo si es sincero, claro.
Aprenda el vocabulario
Es un punto menor, pero vale la pena mencionarlo. Los anglicanos tenemos toda clase de palabras rebuscadas que nos gusta usar. («¿Dónde, en nombre de los santos mártires de Córdoba, están los purificadores? ¡Tráiganme al subdeán y al sacristán!») Aun así, con toda seriedad, tenemos todo un vocabulario sobre la ordenación. No se usa igual en todas partes, pero asegúrese de tener una idea de lo que significan las palabras que siguen. Consulte el glosario de Anglican Compass. nota del editor E1
Tenga en orden los papeles para la ordenación
Sí, es como bajar del avión y pasar por el control de pasaportes y la aduana. Hágalo más pronto que tarde.
- ¿Está bautizado (en inglés)? Tenga un certificado.
- ¿Confirmado (en inglés)? Lo mismo.
- ¿Ordenado en alguna denominación? Igual.
Hasta qué punto su diócesis reconocerá estas cosas, y hasta qué punto a alguien le importarán, varía de una diócesis a otra y de una comisión a otra. Lo que sí le puedo decir es que tenerlos en regla demuestra transparencia y responsabilidad.
En nuestro ministerio, tuve que localizar un certificado de bautismo de aquella iglesia luterana de Montana donde me bautizaron. Del mismo modo, Sharon tuvo que pedir uno a su antigua iglesia de la Alianza Cristiana y Misionera (CMA) en Hawái. Era una petición legítima de un clérigo que hacía su trabajo. Reponer esos papeles puede llevar tiempo, así que más vale empezar pronto. Lo mismo vale para los expedientes académicos.
¿Por qué deja su denominación actual?
Si esto no le toca, sáltelo. Pero léalo, porque algún día hablará con alguien a quien sí le toca. No se trata de política. ¿Por qué deja su denominación por el anglicanismo? ¿De verdad le atrae una visión más plena y más profunda del ministerio dentro del mundo desordenado y hermoso del cristianismo anglicano? ¿Por qué? La preocupación es la misma que con quienes dejaron una congregación vecina para unirse a la suya.
- ¿Su motivo es sincero y nace de un llamamiento genuino al ministerio dentro de la Iglesia católica (universal) y apostólica (en inglés)?
- ¿O estaba frustrado con su supervisor o jefe anterior?
- ¿No trabajaba bien en equipo?
- Sean cuales sean los problemas o las cuestiones, ¿volverán a salir en el ministerio anglicano?
Ayude a su obispo en el proceso de ordenación
En último término, su obispo es el presbítero responsable de supervisar la diócesis. Los obispos tienen muchas cosas en la cabeza. A los obispos, como imagino que a cualquier alto directivo, les encanta tener personas competentes y de confianza que los ayuden y trabajen bajo su mando. ¿Conoce la visión de su obispo para su diócesis? Es muy probable que hablara de ella en un sínodo, un consejo o una conferencia diocesana recientes, o en un boletín. Conózcala. ¿Cómo puede formar parte de ella? ¿Cómo puede ayudar a su pastor principal a cumplir lo que siente como su llamamiento? Conozca su visión, vea cómo puede formar parte de ella y dígaselo.
Conclusión
Habrá comisiones y comités, papeleo, certificados y expedientes académicos. Las cosas empezarán a menudo con el párroco. Esté preparado para ciertas preguntas. Tenga un plan que proponer. Sea paciente y humilde. Encomiende todo el asunto a las manos misericordiosas de Dios y ore por todos los que intervienen. En último término, debe creer que esto es un verdadero discernimiento en comunidad sobre si Dios lo ha llamado al ministerio en las sagradas órdenes.
Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea.
Notas
Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.
El original anuncia aquí una lista de palabras que no figura en el artículo publicado. Volver al texto (nota del editor E1)