¿Está usted llamado al ministerio ordenado?
Por The Anglican Pastor
Publicado el · 7 min de lectura
Artículo de Anglican Compass, traducido y publicado aquí con su permiso. Original en Anglican Compass: Are You Called to Ordained Ministry? (en inglés)
Mi trabajo incluye acompañar a personas en lo que llamamos el proceso de discernimiento, en el que la pregunta es: «¿Estoy llamado al ministerio ordenado?». La gente suele querer saber cuál es una buena manera de discernir la respuesta. He adaptado parte del material que escribí para nuestra diócesis. Puede serle útil. Este artículo no trata de los estudios de seminario: da por hecho que usted ya los terminó o que los hará.
Ministerio laico y ministerio ordenado
A la gran mayoría de los cristianos Dios los llama al ministerio como laicos, y a unos pocos los llama al ministerio ordenado. Los anglicanos conservan la antigua forma triple del ministerio ordenado: las órdenes de obispo, presbítero y diácono. De entre los laicos, Dios llama a algunos a la orden de los diáconos, y a algunos a la orden de los presbíteros. De entre los presbíteros, Dios llama a algunos a la orden de obispo.
Los diáconos (en inglés) tienden un puente entre los laicos y el clero, y también entre las necesidades del mundo y el ministerio de la Iglesia. Están llamados a ministerios sacramentales, litúrgicos y de cuidado pastoral, y sobre todo a ministerios de compasión en la comunidad. En concreto, el diácono ayuda al presbítero en el culto y en la administración de los sacramentos, y cuida de los pobres, los enfermos y los marginados. Los diáconos también prestan apoyo en el cuidado pastoral. La orden de diácono no es una orden inferior a la de presbítero. Es un llamamiento específico, con su propio enfoque y su propio propósito. nota del editor E1
Los presbíteros (priests) son ancianos que dirigen congregaciones y ministerios. También ayudan a otros presbíteros en la dirección mediante un ministerio de la Palabra y el sacramento en nombre del obispo. Los candidatos al presbiterado son ordenados primero diáconos (los llamados diáconos «transitorios»). Así comienzan su ministerio en un papel de siervo, y eso los pone a prueba.
Jerarquía ordenada de servidores
El obispo diocesano dirige la diócesis como pastor principal, y los obispos reunidos en consejo dirigen toda la Iglesia. Los obispos y el arzobispo mantienen la comunión visible con las iglesias anglicanas de todo el mundo. También mantienen la comunión fraterna con otras iglesias cristianas fieles.
No recibimos la ordenación para nuestro provecho, sino para servir. Por eso, quienes aspiran al ministerio ordenado deben mostrar que perciben personalmente un llamamiento. Después, los laicos y el clero de su iglesia local lo confirman, y el obispo toma la decisión final. Hay que examinarlos para ver si están preparados y son idóneos para la dirección y el ministerio. Los aspirantes deben tener un plan de ministerio concreto que exija ordenarse en la orden a la que aspiran.
La sucesión histórica
Los anglicanos de todo el mundo continúan la antigua forma de la sucesión (en inglés) episcopal. Esto significa que consagramos a nuestros obispos con una imposición de manos histórica y continua que se remonta al tiempo de los apóstoles. Cuando uno de estos obispos ordena a un diácono o a un presbítero, lo une a esta sucesión histórica y apostólica. También reconocemos que otras tradiciones ordenan a personas al ministerio del evangelio, pero no en sucesión histórica. Aun así, ordenamos a esos hombres, porque creemos que añadimos algo a ese ministerio por medio de la ordenación en la sucesión apostólica.
El proceso de discernimiento
El discernimiento es un proceso abierto. Aunque usted debe tener confianza en que percibe un llamamiento a alguna forma de ministerio, también debe abrirse a la posibilidad de que Dios lo llame a usted al ministerio laico en lugar del ministerio ordenado. Le conviene estar seguro del llamamiento de Dios. Si ese llamamiento no es al ministerio ordenado, su rector y su equipo de discernimiento le ayudarán a encontrar su llamamiento como ministro laico. Tenga en cuenta que cada diócesis puede organizar este proceso de manera distinta. Pero todas incluyen los aspectos que siguen. Tenga en cuenta también que la iglesia hace su propio discernimiento para ver si percibe el mismo llamamiento que usted.
Como somos una comunidad sacramental, ser miembro de una iglesia local es la única manera de prepararnos de verdad para ministrar dentro de esa comunidad. En la iglesia local usted tiene el apoyo y las relaciones que necesita para seguir un camino de discernimiento sólido. También es importante que permanezca en esa misma iglesia local durante el proceso.
Este proceso local empieza con una reunión con su rector. Hablarán de cómo percibe usted su llamamiento y se reunirán con regularidad para discernir juntos antes de tomar ninguna decisión sobre un proceso formal de discernimiento. Puede que su rector quiera reunirse con usted durante mucho tiempo. O puede que le pida que primero se involucre en algún ministerio. Esté abierto a este proceso, porque en él se forma la relación clave que tendrá durante el discernimiento. Después se reunirá con un grupo de laicos para conversar, orar y ver si pueden confirmar su llamamiento al ministerio ordenado.
¿Por qué un discernimiento hecho por laicos?
¿Por qué hacemos esto? Desde los primeros días de la Iglesia, los laicos confirmaban el llamamiento al ministerio ordenado, igual que el clero; así se evitaba que las órdenes del clero se convirtieran en un cuerpo que se elige a sí mismo. En Hechos vemos que los apóstoles pidieron a los laicos:
Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo.
Esta misma pauta aparece en las cartas de san Pablo, donde dice: «Y estos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles», y también que no se impongan «con ligereza las manos» (1 Timoteo 3:10; 5:22). Por eso, el papel de los laicos en su proceso de discernimiento es importante y sagrado.
Este proceso le permitirá hablar con sinceridad de su vida, su ministerio, sus relaciones y lo que le apasiona. También se centrará en si usted está en buenas condiciones, y en un buen momento de la vida, para empezar el ministerio ordenado, o si ha recibido la formación adecuada. El ministerio ordenado es exigente, y usted debe estar bien preparado para él.
Discernir lo que corresponde
Tenga en cuenta que debe discernir un llamamiento al diaconado vocacional o al presbiterado, pero no a los dos a la vez. Si el comité laico de discernimiento rechaza un llamamiento al presbiterado, usted no debe pasarse enseguida a la vía del diaconado. Debe esperar un año e iniciar un nuevo proceso de discernimiento hacia el diaconado. El ministerio del diácono no es una opción secundaria, sino un llamamiento específico. Nunca debemos tratarlo como un «premio de consolación» para aquellos a quienes Dios no llama a ser presbíteros.
Si la iglesia local confirma su llamamiento al ministerio ordenado, en ese momento la diócesis suele trabajar con usted de manera más directa. Algunas diócesis o redes invierten en parte este orden. Lo que discernimos es su lugar concreto de ministerio, su preparación y su idoneidad para el ministerio ordenado.
Un llamamiento para toda la vida
El ministerio ordenado es un llamamiento para toda la vida. Es imprescindible que usted considere este compromiso en oración. Este papel va más allá de nuestro ministerio actual y nos une de por vida a una orden sagrada de ministerio. El Espíritu Santo nos mostrará, juntos, si hay un llamamiento al ministerio ordenado. También nos mostrará si es el momento adecuado para que ese ministerio comience. El aspirante debe percibir un llamamiento «vertical» de Dios al ministerio ordenado. Debe haber también un llamamiento «horizontal» de la iglesia local y de la diócesis al candidato. Cuando los dos se juntan, tenemos la seguridad del llamamiento de Dios. Entonces damos el paso de fe para servir.
Notas
Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.
En la ordenación de diáconos del Ordinal de 1662, una de las colectas finales pide que los nuevos diáconos «se conduzcan tan bien en este oficio menor, que sean hallados merecedores de ser llamados a los ministerios mayores en tu Iglesia» (en nuestra edición del Libro de Oración Común de 1662). Volver al texto (nota del editor E1)