Saltar al contenido
Anglicanismo.com, inicio Menú Oficio diario

¿Importa el papa a los anglicanos?

Por David Roseberry

Publicado el · 8 min de lectura

Artículo de Anglican Compass, traducido y publicado aquí con su permiso. Original en Anglican Compass: Does the Pope Matter for Anglicans? (en inglés)

Pintura alegórica: Eduardo VI en su trono, Enrique VIII moribundo en la cama, y a sus pies el papa derribado bajo una Biblia abierta
Eduardo VI y el papa, anónimo, hacia 1570. Dominio público. Ver en Wikimedia Commons: Eduardo VI y el papa

Una vez Jesús preguntó a sus discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Fue Pedro, el audaz e impetuoso Pedro, quien dio un paso al frente con la respuesta: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». En respuesta, Jesús hizo una promesa asombrosa: «tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia» (Mateo 16:18). Fue un momento de revelación divina y de autoridad fundacional. Pero ¿quién o qué es exactamente este fundamento? ¿Es Pedro el fundamento? ¿O el fundamento es la confesión de fe de Pedro en Cristo?

La cuestión de la importancia del papa no es solo un debate sobre el gobierno de la Iglesia o sobre títulos. Es una pregunta más honda sobre la naturaleza de la gracia, la importancia de la fe, el papel de la Escritura y la autoridad de Cristo.

Para los católicos romanos, la respuesta está clara: el papa es el heredero de Pedro y sigue siendo la Roca de la Iglesia. Su autoridad es esencial para la vida y la unidad de la Iglesia, y el papa es el fundamento de la Iglesia visible y jerárquica.

Para los anglicanos, en cambio, la Roca de la Iglesia es la fe de Pedro en Cristo. Pedro es el modelo de todos los cristianos fieles, el primero en confesar lo que todos debemos confesar: que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Por tanto, el fundamento de la Iglesia no es Pedro, sino Cristo. Como escribe Pablo:

Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

— 1 Corintios 3:11

La postura católica romana: un solo pastor, una sola voz

La eclesiología católica romana se basa en la convicción de que la función de Pedro no terminó con su martirio en Roma. Pasó, generación tras generación, a los obispos de Roma: los papas. No son solo dirigentes administrativos, sino padres espirituales y guardianes de la doctrina. Cuando los católicos romanos hablan del papa, se refieren al signo visible de la unidad, la roca que asegura que la Iglesia no se rompa en mil voces.

Según el Catecismo de la Iglesia Católica, el papa es el «Vicario de Cristo», es decir, el que hace las veces de Cristo. Tiene «la potestad plena, suprema y universal sobre toda la Iglesia» (CEC 882). El Concilio Vaticano I (1870) declaró que el papa habla de forma infalible cuando define doctrinas sobre la fe o las costumbres.

Eso es lo que significa hablar ex cathedra, literalmente «desde la cátedra», en su condición oficial de sucesor de san Pedro. Entre esas declaraciones están la Inmaculada Concepción de María (1854) y la Asunción corporal de María (1950).

Además, en la teología católica romana, la gracia se comunica por medio de la Iglesia y de sus sacramentos. La Iglesia es el «sacramento universal de salvación». Por el bautismo, la confirmación, la eucaristía y los demás sacramentos, la Iglesia dispensa la gracia. La autoridad del papa asegura la debida administración y custodia de esas gracias. La comunión con el papa es, así, comunión con la plenitud de la Iglesia.

La respuesta anglicana: la gracia llega por la fe

Pero los anglicanos ven las cosas de otra manera.

Desde los primeros días de la Reforma (en inglés), los reformadores anglicanos afirmaron que solo Jesucristo, y la fe en él, es el fundamento de la Iglesia. Los Treinta y Nueve Artículos lo dijeron con claridad:

Somos tenidos por justos delante de Dios solo por el mérito de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, por la fe, y no por nuestras propias obras o merecimientos.

— Artículo XI, Libro de Oración Común de 1662

Por eso los anglicanos no creen que el papa sea esencial para la Iglesia. Como obispo de Roma, el papa puede tener autoridad en Roma, pero esa autoridad no se extiende a toda la Iglesia. Por esa razón los anglicanos declararon: «El obispo de Roma no tiene ninguna jurisdicción en este reino de Inglaterra» (artículo XXXVII).

Estas declaraciones no eran solo políticas; eran teológicas. Recuperaron la convicción del Nuevo Testamento de que Jesús gobierna su Iglesia por medio de su Palabra y su Espíritu, no por medio de un único oficio humano.

Aunque los anglicanos tienen obispos y honran el antiguo modelo de la sucesión apostólica, no consideran necesaria la autoridad episcopal (ni la unidad bajo un papa) para la validez de la Iglesia. Decir que la gracia tiene que pasar por una estructura eclesiástica concreta parece, a muchos anglicanos, limitar el poder y la libertad de la gracia de Dios.

Dicho de otro modo, la Iglesia no dispensa la gracia, sino que la anuncia. La Iglesia proclama la buena noticia del evangelio. Ofrece los sacramentos como medios eficaces de gracia, pero no es dueña de la gracia de Dios ni la controla.

La gracia de Dios llega directamente al pecador por la fe en Cristo.

La Escritura frente a la jerarquía

Detrás de estas diferencias hay una divergencia más honda: la fuente y la autoridad final de la doctrina. Para los católicos romanos, la Escritura y la Tradición se interpretan por medio del Magisterio, con el papa como árbitro final. Para los anglicanos, la Escritura (en inglés) está por encima de todo.

Los anglicanos se atienen a un cordón de tres dobleces: Escritura, Tradición y Razón. Pero, de estos, la Escritura es suprema. Es la regla y la norma última de la fe. Ninguna autoridad de la Iglesia (ni un papa, ni un concilio, ni un obispo querido, ni una convención general de obispos, clérigos y laicos) puede pasar por encima de la enseñanza clara de la Escritura. Y cuando lo hace, como lo ha hecho y lo volverá a hacer, la Iglesia tiene que reformar esos errores conforme a la norma de la Escritura.

Tal como lo veían los reformadores ingleses, el papa había dejado de ser el servidor de la Palabra para convertirse en su rival.

¿Unidad sin papa?

Pero, si para los católicos romanos el papa es el símbolo y el garante de la unidad, ¿cómo mantienen la unidad los anglicanos? La respuesta está en un modelo más conciliar y voluntario. La Comunión Anglicana es una familia de iglesias autónomas, unidas no por la autoridad de un oficio central, sino por la autoridad de la Palabra de Dios, por una tradición compartida, por la oración común y por lazos mutuos de afecto.

El anglicanismo es a veces desordenado y de vez en cuando conflictivo, pero lo es por su propio diseño. Su unidad es espiritual más que estructural, y su fe no tiene el centro en Roma ni en Canterbury, sino en Cristo.

La cuestión pastoral: el acceso a la gracia

¿Qué significa todo esto para el anglicano de a pie, el que se sienta en el banco?

Significa que la gracia no es algo por lo que se hace fila. Los clérigos no la reparten en un sistema controlado. No la dispensa una autoridad magisterial, ni se da según la dignidad personal del pecador. La gracia es gratuita. Llega al oír el evangelio, creer en Cristo, arrepentirse del pecado y recibir su misericordia. Llega por el bautismo y la Cena del Señor (en inglés), sí, cuando se reciben con fe.

Para los anglicanos, la Iglesia existe para servir al evangelio, y no al revés. El presbítero está ante el altar no como un mediador necesario, sino como heraldo de la obra consumada de Cristo. El obispo guarda la fe no por decreto, sino por una enseñanza fiel. Y la autoridad de la Iglesia no viene de la cátedra de Pedro, sino de la Palabra de Cristo.

Entonces, ¿importa el papa?

En un sentido, no. El papa no tiene autoridad sobre las iglesias anglicanas. Sus declaraciones, aunque a veces se respeten, no obligan. Su función en la Iglesia católica romana no tiene equivalente en el anglicanismo.

Pero, en otro sentido, sí. Aunque los anglicanos no aceptamos la autoridad del papa, sí reconocemos su influencia.

Por medio del ministerio del papa, millones de hermanos y hermanas católicos romanos en Cristo serán enseñados, interpelados, pastoreados, alimentados y fortalecidos. La voz del papa tiene mucho peso en el cristianismo mundial: da forma a los debates morales, llama a la justicia y señala a Cristo. Podemos orar para que Dios dé al papa gracia en esta importante tarea.

Por último, el papa importa por las preguntas que representa. ¿Dónde está la autoridad? ¿Cómo se conserva la unidad? ¿Cómo se da la gracia?

La respuesta anglicana es a la vez antigua y propia de la Reforma: la autoridad está en la Escritura. La unidad viene por la fe, el culto y el amor mutuo que compartimos. Y la gracia es gratuita.

Cristo no ha delegado su función de fundamento y piedra angular de la Iglesia. A diferencia de Pedro, que murió, Cristo ha resucitado y sigue con nosotros por su Espíritu. Sigue siendo el buen pastor, y sus ovejas oyen su voz.

Original: Does the Pope Matter for Anglicans?, de David Roseberry.

Publicado en Anglican Compass el 6 de mayo de 2025 y revisado el 8 de mayo de 2025. Traducción de Anglicanismo.com, publicada con permiso de Anglican Compass.

Más artículos

Más de historia y debates · Todos los artículos