Los Treinta y Nueve Artículos · La disciplina de la Iglesia
Entrega 34 de 38 · Artículo XXXV · De las Homilías
Los Treinta y Nueve Artículos: La disciplina de la Iglesia (4), artículo XXXV
Por Henry Jansma
Publicado el · 7 min de lectura
Artículo de Henry Jansma publicado en Place for Truth, traducido y publicado aquí con permiso del autor. Original en Place for Truth: The 39: Church Discipline (4) (en inglés)
En el índice: Texto del artículo XXXV
El artículo XXXV, sobre «las Homilías», es único entre las iglesias reformadas de Europa. A nosotros, que vivimos con las reimpresiones de muchos sermones de los siglos XVII y XVIII predicados por pastores reformados, no nos parece extraño que las doctrinas se expongan en una serie de sermones. Pero en aquel tiempo no había precedente de ello, ni en las iglesias protestantes ni en la católica romana. Los anglicanos fueron los primeros (¡de nada!).
XXXV. De las Homilías.
El segundo Libro de Homilías, cuyos títulos hemos añadido a continuación de este Artículo, contiene una doctrina piadosa y saludable, y necesaria para estos tiempos, como la contiene también el primer Libro de Homilías, que se publicaron en tiempo de Eduardo VI; y por tanto juzgamos que han de ser leídas en las iglesias por los ministros, con diligencia y claridad, para que el pueblo pueda entenderlas.
De los títulos de las Homilías.
1. Del buen uso de la iglesia. 2. Contra el peligro de idolatría. 3. De la reparación y limpieza de las iglesias. 4. De las buenas obras: primero, del ayuno. 5. Contra la glotonería y la embriaguez. 6. Contra el exceso en el vestir. 7. De la oración. 8. Del lugar y el tiempo de la oración. 9. Que las oraciones comunes y los sacramentos deben administrarse en una lengua conocida. 10. De la estima reverente de la palabra de Dios. 11. Del dar limosna. 12. De la natividad de Cristo. 13. De la pasión de Cristo. 14. De la resurrección de Cristo. 15. De la digna recepción del sacramento del cuerpo y la sangre de Cristo. 16. De los dones del Espíritu Santo. 17. Para los días de Rogativas. 18. Del estado del matrimonio. 19. Del arrepentimiento. 20. Contra la ociosidad. 21. Contra la rebelión.
El artículo XXXV es una actualización de 1571 del original de Cranmer de 1553, y refleja los cambios de la época. Había ahora una segunda serie de Homilías que ampliaba la enseñanza de la primera, publicada originalmente en 1547. La primera serie (o libro) de Homilías, como instrumento del evangelio, fue un golpe de genio de Thomas Cranmer. Como hombre de las Midlands, entendía que había ventajas e inconvenientes en un país donde una sola ciudad, Londres, era a la vez la capital financiera y la administrativa, y las dos universidades estaban a unas nueve horas o a dos días a caballo de Londres. Toda la riqueza y el saber de la nación se concentraban en el sureste del país, y dejaban un paisaje religioso desigual en la mayor parte de Inglaterra, con la frontera del norte todavía como zona de amortiguación disputada con Escocia. Era más rápido navegar al Continente que ir por tierra al lugar natal de Cranmer, en Nottinghamshire. Había focos de Reforma, pero reunidos en las villas con mercado y en los puertos, con más acceso a Europa. Y había grandes regiones que languidecían en un vacío espiritual y social tras la disolución de las casas religiosas, que proporcionaban la mayor parte de lo que hoy podríamos llamar servicios sociales y educación. Los nuevos terratenientes Tudor que habían asumido la autoridad sobre una región de antiguos monasterios podían preocuparse o no por las almas de su gente. Había obispos nuevos y diócesis reorganizadas. En resumen, era un desafío pastoral que tardaría más de 75 años en estabilizarse. Hasta podría decirse que nunca se ha resuelto del todo. Cranmer había visto de primera mano, cuando vivió en el Continente, la eficacia de la predicación de la pura palabra de Dios, y estaba convencido de su poder. Pero en los condados de Inglaterra la mayoría del clero eran hombres del lugar, que sabían leer y escribir pero no tenían formación para predicar. No tenían recursos a mano, ni en libros propios ni en la biblioteca personal del hacendado. Las muchas tareas pastorales, en una extensión geográfica que haría flaquear a un ministro de hoy, les dejaban además poco tiempo para prepararse.
Cranmer había vivido el mismo desafío, a menor escala, en la diócesis de Canterbury durante el reinado de Enrique VIII. Entonces ensayó por primera vez una serie homilética. Su solución fue sencilla: dar al ministro una serie de sermones ya escritos para regularizar la proclamación del evangelio y su aplicación a la vida del cristiano. Algunos de los sermones (u homilías, como se llamaban entonces) eran más largos, pero podían dividirse en partes para una serie de sermones. Los ministros, previa consulta con su obispo diocesano, predicaban de acuerdo con las homilías o las leían a sus congregaciones.
Las homilías estaban pensadas para funcionar junto con los diversos conventículos o, como diríamos hoy, «talleres de sermones». Los conventículos se convocaban en grupos de parroquias (decanatos), donde el clero local se reunía para predicar y comentar sus sermones bajo la guía de un pastor más docto, autorizado por su obispo para supervisar su formación. Aunque los conventículos se convirtieron en materia de disputa política con la Corona, los talleres nunca se erradicaron del todo. Obispos o caballeros del lugar que los apoyaban, preocupados por el evangelio, sostenían su labor sin hacer ruido, sobre todo en zonas donde Londres quedaba muy lejos. Basta señalar, como prueba, los sermones teológicamente ricos que se produjeron solo una generación después, y el hambre de buena predicación en los condados que llevó a crear una institución nueva, financiada en el lugar: la del predicador a sueldo (lecturer). Estos cargos se dedicaban a predicar fuera del orden establecido del domingo.
El primer libro de Homilías lo escribieron varios clérigos reformados, y a algunos los conocemos. Sus sermones pueden dividirse en seis doctrinales y seis sobre la aplicación de la doctrina a la vida del cristiano. Según A Fruitful Exhortation, de Gerald Bray, sabemos quién escribió las seis homilías doctrinales, pero solo uno de los sermones de aplicación (p. 5). Los demás son anónimos. Cranmer escribió probablemente el sermón sobre la Escritura y la trilogía sobre la salvación (la naturaleza de la salvación, la fe y la relación entre la fe y las buenas obras). El segundo libro, que editó John Jewel, es mucho más largo: unas tres veces la extensión del primero. Cuando se organizó por primera vez, en 1563, tenía veinte sermones, divididos a su vez en partes para formar una serie. Se añadió otro en 1571, y en ediciones posteriores se dividieron dos de los sermones anteriores, de modo que hubo uno sobre la pasión de Cristo para el Viernes Santo y otro sobre las Rogativas. Dos de los sermones son adaptaciones de otros teólogos reformados: el de la idolatría adapta una obra de Heinrich Bullinger de 1539, y el de la gula y la embriaguez, una de Pedro Mártir Vermigli de 1571. nota del editor E1 Las Homilías se tenían por dos libros distintos, y no se imprimieron juntas hasta 1623. Hay en el segundo libro todo un ciclo que recorre las fiestas del evangelio en el año cristiano —Navidad, Pascua, Ascensión y Pentecostés— y enseña a la congregación su sentido y su importancia para el creyente. nota del editor E2
Es importante recordar que las Homilías preceden en su composición a los Artículos (por eso el artículo XI, sobre la justificación, remite con otro nombre a la homilía de Cranmer sobre la salvación). Las escribieron o editaron hombres reformados como Cranmer, Edmund Grindal y John Jewel, para expresar nuestra herencia reformada común, que también llevaron al Libro de Oración Común y al Ordinal. Un anglicano sabio leerá las homilías, los artículos y los demás formularios como una unidad, en la que la explicación y el resumen se unen a la aplicación.
Aunque tenemos recursos nuevos para las homilías en la popular A Fruitful Exhortation de Gerald Bray y en su Critical Edition, todavía esperamos una modernización del texto para usarla en grupos pequeños y en las clases de escuela dominical para adultos. Quizá un mecenas y una editorial reúnan la pericia necesaria para darnos una. Hay, por ejemplo, muchas modernizaciones idiosincrásicas del Libro de Oración Común de 1662, pero lo que de verdad hace falta son modernizaciones de calidad de los formularios, del más alto nivel, muy en la línea del trabajo del comité de traducción que nos dio la English Standard Version. Con esa modernización, un recurso olvidado hace mucho tiempo hallaría nuevo uso y valor en una época en que la predicación centrada en Cristo es poco conocida entre los anglicanos norteamericanos.
Notas
Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.
La fuente de Vermigli es su comentario al libro de los Jueces, publicado en Zúrich en 1561, no en 1571. Volver al texto (nota del editor E1)
En el Segundo libro de Homilías no hay homilía para la Ascensión. Volver al texto (nota del editor E2)