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Los Treinta y Nueve Artículos · La Iglesia

Entrega 19 de 38 · Artículo XX · De la autoridad de la Iglesia

Los Treinta y Nueve Artículos: La Iglesia visible e invisible (2), artículo XX

Por Henry Jansma

Publicado el · 5 min de lectura

Artículo de Henry Jansma publicado en Place for Truth, traducido y publicado aquí con permiso del autor. Original en Place for Truth: 39 Articles—The Visible and Invisible Church (2) (en inglés)

En el índice: Texto del artículo XX

Después de exponer la naturaleza de la Iglesia en el artículo XIX, los tres artículos siguientes subrayan la suficiencia de la Escritura aplicada al gobierno y a la práctica de la Iglesia. Así, los artículos XX-XXII abordan varios aspectos de la autoridad de la Iglesia a la luz de la doctrina de la sola Scriptura, que se expuso en los artículos VI-VIII. El artículo XX deja muy claro que el anglicanismo afirma la autoridad suprema de la Escritura: «No le es lícito a la Iglesia ordenar nada que sea contrario a la palabra de Dios escrita […] no debe decretar nada en contra de ella». La Iglesia sigue bajo la autoridad de la Escritura; no está por encima de ella ni a su altura.

XX. De la autoridad de la Iglesia.

La Iglesia tiene poder para decretar ritos o ceremonias, y autoridad en las controversias de fe; y, sin embargo, no le es lícito a la Iglesia ordenar nada que sea contrario a la palabra de Dios escrita, ni puede exponer un pasaje de la Escritura de tal modo que se oponga a otro. Por tanto, aunque la Iglesia sea testigo y guardiana de la Sagrada Escritura, así como no debe decretar nada en contra de ella, tampoco debe, fuera de ella, imponer que se crea cosa alguna como necesaria para la salvación.

El artículo XX consta de tres frases sencillas que exponen con más detalle lo que se dijo en el artículo XIX: que la obediencia de la Iglesia al mandato de Cristo está en un orden fiel a la Biblia, en la palabra predicada y en el sacramento administrado. Como vimos en el artículo XIX, la redacción del artículo XX procede también de la Reformatio legum de Cranmer:

Por esta razón, la Iglesia no puede determinar nada que sea contrario a la palabra de Dios escrita, ni puede interpretar un pasaje de tal modo que contradiga otro. Por tanto, aunque la Iglesia sea testigo, custodia y guardiana de los libros divinos, nunca debe concedérsele esta prerrogativa: que decrete nada contrario a estos libros, o que establezca artículos de fe sin el testimonio de estos libros y los imponga al pueblo cristiano como requisitos de la fe [Bray, 181].

El artículo nos guarda de dos errores frecuentes: uno negativo y otro positivo. Los dos son igual de letales para la vida de la Iglesia:

  • Quitar a la Escritura. Ordenar algo contrario a la palabra de Dios escrita es rebajar la enseñanza autorizada de la Escritura, e incluso rechazarla.
  • Añadir a la Escritura. La Iglesia no tiene autoridad para añadir al evangelio bíblico nada como requisito para la salvación. Hacerlo oscurece el evangelio.

La primera frase, «La Iglesia tiene poder para decretar ritos o ceremonias, y autoridad en las controversias de fe», la añadió la reina Isabel después de que el artículo hubiera pasado por las Convocaciones de Canterbury y de York. Afirma la libertad de la Iglesia para fijar los órdenes de culto y para conservar una autoridad judicial vital en materia de disciplina eclesiástica. Esto significa que la Iglesia, como cuerpo, puede tomar decisiones y emitir juicios en asuntos de controversia y desacuerdo, desde la parroquia hasta el ámbito nacional.

La segunda frase contiene dos afirmaciones. La primera afirma con claridad que los anglicanos se someten a la autoridad última de la Escritura: «no le es lícito a la Iglesia ordenar nada que sea contrario a la palabra de Dios escrita». La segunda, «ni puede exponer un pasaje de la Escritura de tal modo que se oponga a otro», explica el motivo.

El motivo es la unidad de la Escritura, que no se contradice a sí misma (a diferencia de la razón humana, que puede errar). Por tanto, no debemos interpretar ni exponer ninguna parte de la Escritura de un modo que contradiga otras partes. Los artículos VII y VIII son especialmente pertinentes aquí, porque en ellos el anglicanismo reconoce el carácter progresivo del plan de salvación que Dios va desplegando, en lo que toca al Antiguo Testamento. El artículo VII nos recuerda que la autoridad interna de la propia Escritura atestigua por qué las leyes ceremoniales y los preceptos civiles dados en el Antiguo Testamento ya no obligan, y la ley moral sí. Por tanto, la Iglesia tiene libertad para escribir confesiones que aclaren los errores descubiertos en las controversias doctrinales de su tiempo, y para sistematizar su enseñanza con fines de educación y catequesis. Es claro que el artículo afirma el desarrollo de una teología sistemática. Debemos entender el conjunto si queremos evitar exponer una parte de la Escritura de un modo que contradiga otra. Conviene notar que ya en 1553 los anglicanos se adelantaron a las grandes teologías sistemáticas protestantes reformadas de finales del siglo XVI y del siglo XVII. Quienes insinúan que la sistematización es contraria a la naturaleza del anglicanismo solo demuestran que no saben de qué hablan.

La tercera frase resume la relación de la Iglesia con la Escritura: «[…] la Iglesia sea testigo y guardiana de la Sagrada Escritura […]». La Iglesia es testigo y guardiana de la Escritura (o, en la Reformatio legum, «testigo», «custodia» y «guardiana» de la Escritura). La Iglesia no tiene autoridad sobre la Escritura, sino que ha de dar testimonio de la autoridad de la Escritura. Como testigo, atestigua la verdad de que la Biblia es la palabra de Dios. Por eso, el ministerio de la Iglesia no es sacerdotal, sino profético: proclama con valentía el evangelio de la salvación. Como guardiana y custodia, está llamada a proteger la integridad del canon bíblico, a transmitirlo a las generaciones siguientes y a luchar por él cuando lo asalta un enemigo que busca corromper su enseñanza.

Original: 39 Articles—The Visible and Invisible Church (2), de Henry Jansma.

Publicado en Place for Truth, de la Alliance of Confessing Evangelicals, el 19 de enero de 2018. Traducción de Anglicanismo.com, publicada con permiso del autor.

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