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Los Treinta y Nueve Artículos · Los sacramentos

Entrega 28 de 38 · Artículo XXIX · De los impíos, que no comen el cuerpo de Cristo en el uso de la Cena del Señor

Los Treinta y Nueve Artículos: Los sacramentos (5), artículo XXIX

Por Henry Jansma

Publicado el · 6 min de lectura

Artículo de Henry Jansma publicado en Place for Truth, traducido y publicado aquí con permiso del autor. Original en Place for Truth: The 39: The Sacraments (5) (en inglés)

En el índice: Texto del artículo XXIX

La exposición sobre el sacramento de la Cena del Señor concluye con tres artículos finales que tratan de la consustanciación luterana y de la blasfemia de la misa romana. La doctrina que se explicó por completo en el artículo XXV («solo en quienes los reciben dignamente tienen un efecto u operación saludable») y en el artículo XXVIII («El cuerpo de Cristo se […] come […] solamente de una manera celestial y espiritual») se hace todavía más explícita en el artículo XXIX: <u>los anglicanos no sostienen la doctrina luterana de la presencia real</u>.

XXIX. De los impíos, que no comen el cuerpo de Cristo en el uso de la Cena del Señor.

Los impíos y los que carecen de una fe viva, aunque carnal y visiblemente aprieten con los dientes (como dice San Agustín) el sacramento del cuerpo y la sangre de Cristo, de ningún modo son partícipes de Cristo, sino que, más bien, para su condenación comen y beben el signo o sacramento de una cosa tan grande.

El artículo XXIX fue un artículo nuevo en 1563. Lo escribió el arzobispo Parker y lo aprobaron las Convocaciones de Canterbury y de York, pero se suprimió por orden de la reina Isabel I. Por eso, el artículo XXIX tiene la particularidad de ser el único artículo aprobado por los ancianos de la Iglesia y eliminado por el gobierno. Como vimos la última vez, en el artículo XXVIII, el arzobispo Parker pensaba que a la revisión de 1563 del artículo XXVIII le faltaba precisión. Hacía falta otro artículo que aclarara aún más la doctrina de la Cena, fiel a la Biblia, y que protegiera la integridad de las dos naturalezas de Cristo.

El clima político de los ocho años siguientes dejó a la reformada y protestante Iglesia de Inglaterra con una confesión inacabada. Los historiadores piensan que Isabel pasó la década de 1560 con la esperanza de aliarse con los príncipes luteranos, pero que en 1571 estaba dispuesta a preferir la claridad doctrinal al pragmatismo político. Sin desanimarse, el arzobispo Parker volvió a insertar el artículo, y la Corona lo promulgó en 1571 junto con los otros 38. Incluso el obispo de Rochester, que simpatizaba con la doctrina luterana, acabó por resignarse al hecho de que hay una diferencia fundamental entre la doctrina anglicana y la luterana sobre la presencia del Señor Jesucristo en la Cena. En 1577, la Fórmula de Concordia luterana respondió con la misma moneda y anatematizó a cualquiera que creyera la doctrina del artículo XXIX, aunque sin nombrarlo expresamente.

El artículo XXIX es uno de los dos únicos artículos que se refieren a un Padre de la Iglesia antigua (en el artículo VI, sobre la condición de los apócrifos, se alude a Jerónimo). Contiene una cita directa de las Homilías sobre el Evangelio de Juan de Agustín, tratado 26.18, sobre Juan 6:41-59. Agustín, en su sermón sobre Juan 6, nos remite, en 26.11-12, a los ejemplos del maná de Israel en el desierto y de Judas en el aposento alto, para probar que apretar con los dientes, sin más, solo hace daño. Agustín afirma que los dos ejemplos son advertencias severas, y alude a 1 Corintios 11:29 en 26.11 y en 26.18.

Los anglicanos, en efecto, no están a medio camino entre el catolicismo romano y el protestantismo. De hecho, los anglicanos ni siquiera están a medio camino entre Lutero y Calvino. El artículo XXIX compromete a los anglicanos, sin ambigüedad, con la doctrina reformada de los sacramentos, y niega de forma inequívoca la creencia luterana. El artículo XXIX es para el cristiano serio que quiere entender con claridad la doctrina anglicana de la Cena del Señor. La clave de la enseñanza del artículo es la expresión «fe viva». La fe viva es una verdadera confianza y seguridad en la misericordia de Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, y una esperanza firme de todos los bienes que hemos de recibir de la mano de Dios. Si no hay fe viva, no se puede obtener el beneficio espiritual. Semejante hipocresía es una presunción peligrosa, no porque los elementos tengan en sí mismos ningún poder para hacer daño, sino porque el ciego espiritual, apartado de la gracia de Dios, abusa de su gran don. Como lo confirma la «Exhortación» antes de recibir los elementos:

Pues así como el beneficio es grande, si con corazón verdaderamente penitente y fe viva recibimos este santo sacramento —porque entonces comemos espiritualmente la carne de Cristo y bebemos su sangre; entonces habitamos en Cristo, y Cristo en nosotros; somos uno con Cristo, y Cristo con nosotros—, así también es grande el peligro si lo recibimos indignamente. Porque entonces, nos hacemos culpables del cuerpo y la sangre de Cristo nuestro Salvador; comemos y bebemos nuestra propia condenación al no discernir debidamente el cuerpo del Señor; encendemos la ira de Dios contra nosotros y lo provocamos a castigarnos con diversas enfermedades y distintas clases de muerte. Por eso, júzguense a sí mismos, hermanos, para que no sean juzgados por el Señor; arrepiéntanse verdaderamente de sus pecados pasados; tengan una fe viva y firme en Cristo nuestro Salvador; enmienden sus vidas, y estén en perfecta caridad con todos, para que así sean partícipes dignos de estos santos misterios.

El artículo XXIX sigue siendo pertinente hoy, sobre todo para los anglicanos de Norteamérica. Es inquietante que los anglicanos norteamericanos omitan el artículo XXIX en su informe sobre el diálogo ecuménico entre la Iglesia Anglicana en Norteamérica (ACNA) y la Iglesia Luterana–Sínodo de Misuri (LCMS) y la Iglesia Luterana–Canadá (LCC), On Closer Acquaintance: An Interim Report 2016. Más grave todavía: en la sección 11, sobre la santa comunión, los representantes de ACNA se refirieron a una aceptación implícita por parte de ACNA de la doctrina luterana de la presencia en una declaración conjunta anterior con la Iglesia Luterana Americana (NALC). nota del editor E1 Lo peor de todo es cómo los representantes de ACNA persuadieron a los delegados luteranos de que los Cuarenta y Dos Artículos (fíjese en que la referencia se hace hábilmente a los Cuarenta y Dos Artículos de 1553, no al formulario histórico de 1571, que incluye el artículo XXIX) o la rúbrica final de la Cena del Señor de 1662 (conocida históricamente como la rúbrica negra) no son «la última palabra del anglicanismo sobre la presencia sacramental de nuestro Señor» (p. 9). Y añadieron que la «liturgia actual de la comunión de ACNA ¡no tiene en absoluto la rúbrica negra!» (p. 9). ¿Debe cambiarse un artículo tan vital, con la confirmación doctrinal que lo acompaña —la de la Escritura, Calcedonia, los Padres de la Iglesia, los antepasados anglicanos, otros artículos y el Libro de Oración Común de 1662, el formulario histórico—, por semejante plato de lentejas ecuménico?

Notas

Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.

  1. El informe (p. 9) habla de la North American Lutheran Church (NALC), la Iglesia Luterana Norteamericana, no de la American Lutheran Church. Volver al texto (nota del editor E1)

Original: The 39: The Sacraments (5), de Henry Jansma.

Publicado en Place for Truth, de la Alliance of Confessing Evangelicals, el 14 de septiembre de 2018. Traducción de Anglicanismo.com, publicada con permiso del autor. Las notas del editor son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.

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