Los Treinta y Nueve Artículos · Los sacramentos
Entrega 29 de 38 · Artículo XXX · De las dos especies
Los Treinta y Nueve Artículos: Los sacramentos (6), artículo XXX
Por Henry Jansma
Publicado el · 7 min de lectura
Artículo de Henry Jansma publicado en Place for Truth, traducido y publicado aquí con permiso del autor. Original en Place for Truth: The 39: The Sacraments (6) (en inglés)
En el índice: Texto del artículo XXX
La exposición sobre el sacramento de la Cena del Señor pasa a la reforma de la misa romana. Siguiendo el hilo de la confesión desde el artículo XXVIII, los anglicanos insisten en que los elementos de la Cena son signos que significan a Cristo, pero no son Cristo mismo, y así niegan la doctrina católica romana de la transubstanciación. Después, el artículo XXIX niega con más precisión cualquier sentido de una presencia local de Cristo en los elementos, y sostiene en cambio que quienes participan en la Cena del Señor sin fe no participan de Cristo y atraen sobre sí la condenación. El artículo XXX da instrucciones sobre cómo ha de ofrecerse o administrarse la Cena del Señor a la congregación. Establece que se sirvan a la congregación los dos elementos, en particular la copa.
XXX. De las dos especies.
La copa del Señor no ha de negarse a los laicos, porque ambas partes del sacramento del Señor, por disposición y mandato de Cristo, deben administrarse por igual a todos los cristianos.
El artículo XXX, nuevo en 1563, lo escribió el arzobispo Parker y quedó sin cambios en 1571. Los datos históricos, puestos en relación, indican que este artículo fue la respuesta anglicana a los cánones de la sesión 21 del Concilio de Trento, del 16 de julio de 1562:
- Canon 1. Si alguno dijere que, por precepto de Dios o por necesidad de salvación, todos y cada uno de los fieles de Cristo deben recibir las dos especies del santísimo sacramento cuando no consagran, sea anatema.
- Canon 2. Si alguno dijere que la santa Iglesia católica no fue movida por causas y razones justas a dar la comunión bajo la sola especie del pan a los laicos, y también a los clérigos cuando no consagran, sea anatema.
- Canon 3. Si alguno negare que bajo la sola especie del pan se recibe a Cristo todo y entero, fuente y autor de todas las gracias, porque, como algunos afirman falsamente, no se le recibe bajo las dos especies, según la institución del mismo Cristo, sea anatema.
Hay varias hipótesis sobre por qué surgió en la Edad Media la práctica de negar la copa. Una posibilidad es que, por cuestiones de higiene, no se considerara correcto beber de una copa común. Otra es que, por la teología de la presencia local, los elementos debían reverenciarse tanto que había que guardarlos de toda contaminación humana. Una tercera sería la erosión de la recta comprensión de la obra sumosacerdotal de Cristo, ya consumada, que cambió el papel del ministro por el de un representante sacerdotal. Fuera cual fuera la causa, el resultado fue que el pan se ponía directamente en la lengua del que lo recibía y que se le negaba la copa.
En el artículo XXX, otra vez, la primacía de la Escritura es la norma anglicana de la doctrina. Parker alude con acierto a la definición que el artículo XIX da de la recta administración de los sacramentos: «por disposición y mandato de Cristo». nota del editor E1 Cuando el Señor Jesucristo instituyó lo que los formularios llaman la Cena del Señor, invitó a todos los discípulos (Judas ya se había ido para traicionarlo) a tomar el pan y a beber la copa en memoria de él (Mateo 26:26-30, Lucas 22:19-22). El pan, partido y compartido; la única copa, compartida entre ellos. Pablo instruye a la iglesia en 1 Corintios 11:23-27 sobre la manera correcta en que habían de reunirse para celebrar la Cena del Señor; está claro que se esperaba que la gente comiera el pan y bebiera de la copa, lo que vincula la práctica de los corintios con la noche anterior a la muerte de Jesús.
¿Por qué insistieron tanto en esto nuestros antepasados anglicanos, hasta el punto de que hiciera falta un artículo en la confesión? Por su fidelidad a la sola Scriptura. Su testimonio es el de una sola copa que se da al miembro que comulga. Una de las imágenes más conmovedoras del juicio de Dios en el Antiguo Testamento es la copa de la ira. Los profetas del Antiguo Testamento usan mucho esta imagen (véase Jeremías 25:15-27; 49:12; 51:7; Lamentaciones 4:21; Ezequiel 23:32-34; Abdías 16; Habacuc 2:16). nota del editor E2 Todas las descripciones del Antiguo Testamento hablan de una sola copa. Podemos entender, por tanto, la importancia de que sea una sola cuando los evangelios dan testimonio del punto culminante del juicio de Dios en el único Mediador, el Señor Jesucristo, que bebe libremente esta copa de ira (Mateo 26:42) para satisfacer el castigo de Dios por nuestros pecados. Al tomar sobre sí este juicio, Cristo ofrece después una copa nueva de vino que simboliza el nuevo pacto (Lucas 22:20, 42; 1 Corintios 11:25-26; véase el sermón de Ray Dillard «The Other Cup»). Cuando Cristo vuelva en juicio, la copa de la ira de Dios pasará a ser la realidad imponente que espera a quienes permanezcan en una rebelión de corazón endurecido. Lo que Cristo experimentó en la cruz, por los creyentes, al beber esta copa queda reservado para los incrédulos en el juicio final (Apocalipsis 14:9-10).
Jesús repartió una sola copa (la tercera copa que se servía, o la «copa de bendición», según el rito de la Pascua) y, conforme a la bendición, mandó a sus discípulos que bebieran de ella, diciendo: «Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada» (Marcos 14:24 [= Mateo 26:28]; cf. Lucas 22:20 [= 1 Corintios 11:25]). Este lenguaje, cargado de Escritura, por sus alusiones a Éxodo 24:8, Jeremías 31:31 e Isaías 53:11-12, interpretaba la muerte inminente de Jesús como ofrenda expiatoria y, a la vez, como sacrificio que sellaba el pacto de Dios con todos los que entraran en el nuevo Israel. Inmediatamente después de sus palabras sobre el pan y, de nuevo, inmediatamente después de sus palabras sobre el vino, Jesús dio ese mismo pan y ese mismo vino a sus discípulos para que los comieran y los bebieran. Este acto de dar significaba que, al comer y beber, participaban del poder expiatorio de su muerte y del nuevo pacto que su muerte iba a sellar. La combinación de estos signos definía así a los discípulos de Cristo como el comienzo de un Israel escatológico renovado, que ahora se ha extendido por toda la tierra.
El arzobispo Parker y los demás teólogos concluyeron que hay una prioridad lógica en la teología de la Cena del Señor que se revela en su distribución. La copa común es signo de nuestra comunión y fraternidad en el único cuerpo, el único bautismo y la única fe de Jesucristo. Así como Cristo no ha autorizado que se dé a cada comulgante un pan individual, tampoco ha permitido que se dé a cada comulgante una copa individual. Los que nos acercamos a la mesa del Señor expresamos, al usar un solo pan y una sola copa, nuestra unidad en Cristo y, como consecuencia lógica, nuestra unidad unos con otros en la fe y el amor por el Espíritu Santo.
Es significativo que el artículo XXVIII afirme con claridad que el signo de la Cena del Señor no es solamente un signo del amor que los cristianos deben tenerse unos a otros, sino que es más bien un sacramento de nuestra redención, y que así subraye la mediación única del Señor Jesús y la comunión singular que el creyente tiene con su Salvador. El artículo XXX se refiere expresamente a la única copa de bendición. Las exhortaciones del Libro de Oración Común destacan la participación de cada uno en Cristo, y lo mismo hace el Directorio para el culto público de Westminster. Los anglicanos deben respetar la copa única, en lugar de confundir la relación entre la palabra y el sacramento con el uso de pequeñas copas individuales. No hay ninguna prueba real de copas individuales antes de un artículo de 1892 en los Annals of Hygiene, que fue el primero en proponer su uso por razones sanitarias. No debemos permitir que la preocupación por la higiene (fuera de lugar, pues no consta ningún caso de peor salud en la gran mayoría que, a lo largo de los siglos, ha usado siempre una sola copa) prevalezca sobre una teología de la distribución fiel a la Biblia.
Notas
Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.
El artículo XIX dice «conforme a la disposición de Cristo»; «y mandato» es del artículo XXX. Volver al texto (nota del editor E1)
Donde aquí dice Jeremías 49:12, el original dice Jeremías 29:12. Volver al texto (nota del editor E2)