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Los Treinta y Nueve Artículos · Los sacramentos

Entrega 30 de 38 · Artículo XXXI · De la única oblación de Cristo consumada en la cruz

Los Treinta y Nueve Artículos: Los sacramentos (7), artículo XXXI

Por Henry Jansma

Publicado el · 5 min de lectura

Artículo de Henry Jansma publicado en Place for Truth, traducido y publicado aquí con permiso del autor. Original en Place for Truth: The 39: The Sacraments (7) (en inglés)

En el índice: Texto del artículo XXXI

La exposición sobre los sacramentos llega a su fin cuando se unen la obra redentora de Cristo en la cruz y su significado en el signo de la Cena del Señor, lo cual subraya todavía más nuestro argumento de que los artículos deben leerse como un todo. Los artículos XI-XVIII subrayan los artículos XXV-XXXI.

XXXI. De la única oblación de Cristo consumada en la cruz.

La ofrenda de Cristo, hecha una sola vez, es aquella perfecta redención, propiciación y satisfacción por todos los pecados del mundo entero, tanto el original como los actuales; y no hay otra satisfacción por el pecado sino esa sola. Por tanto, los sacrificios de las misas, en los cuales se decía comúnmente que el sacerdote ofrecía a Cristo por los vivos y los muertos para obtener el perdón de la pena o de la culpa, eran fábulas blasfemas y engaños peligrosos.

Para ver cómo el artículo XXXI original, escrito por Cranmer en 1553, gana en precisión, hay que consultar el latín original. nota del editor E1 Una corrección refuerza la descripción de la Cena romana, de figmenta a blasphema: fábulas «blasfemas» en lugar de «ficticias». nota del editor E2 El «apaciguamiento del desagrado de Dios» y el «pecado» de 1553, que se leen más adelante en el artículo, pasan a ser en 1563-1571 «propiciación» y «culpa» (en latín, propitiatio y culpae). Tal precisión indica que la importancia de esta doctrina creció entre los anglicanos en los diez años intermedios, a causa de los cánones de 1562 del Concilio de Trento.

Como hemos visto en artículos anteriores, la Iglesia romana sostenía —y, de hecho, sigue sosteniendo— que en la misa la sustancia del pan y del vino cambia para convertirse en la sustancia del cuerpo y la sangre de Jesucristo. ¿Por qué insistiría Roma en esto, con el riesgo de debilitar la integridad de la persona de Cristo como plenamente Dios y hombre? Es por un realismo distorsionado al que la obliga su doctrina de la misa. En otras palabras, en el acontecimiento de la misa, el sacrificio real, Cristo debe ser re-presentado a Dios una y otra vez para que quienes están presentes puedan recibir sus beneficios. Pero, como nos recuerda Hebreos 9:26-28, el Señor Jesús cumple el sistema de las ofrendas perpetuas en su sacrificio único, en el que fue a la vez sacerdote y víctima. Sugerir que tiene que ser ofrecido una y otra vez socava lo que logró la cruz. Los reformadores rechazaron esta enseñanza por antibíblica, herética y, en último término, blasfema. Semejante re-presentación mecánica distorsiona la persona de Cristo y la naturaleza de nuestra justificación. ¿Acaso es de extrañar, entonces, que nuestros antepasados anglicanos estuvieran dispuestos a morir como testimonio contra ella? Como dejan bien claro su testimonio y el artículo XXXI, la ofrenda de Cristo se hizo una sola vez, y solo este acontecimiento, ocurrido una vez para siempre, es el fundamento de la justificación del pecador.

El artículo se divide en dos partes. La primera expone la doctrina bíblica de la expiación: «La ofrenda de Cristo, hecha una sola vez, es aquella perfecta redención, propiciación y satisfacción por todos los pecados del mundo entero, tanto el original como los actuales; y no hay otra satisfacción por el pecado sino esa sola». La naturaleza de la expiación repite la letra de las Escrituras. Es la «ofrenda de Cristo, hecha una sola vez». La fuerza de ese «una sola vez» [once] está en el latín semel, que significa una vez para siempre, una sola vez, y es la palabra de la Vulgata en los textos clave que describen la obra expiatoria de Cristo (Romanos 6:10; Hebreos 9:12, 26-28; 10:10; 1 Pedro 3:18). El propósito de la expiación se sigue lógicamente: «aquella perfecta redención, propiciación y satisfacción por todos los pecados del mundo entero, tanto el original como los actuales».

Los dos principios que hemos señalado a lo largo de nuestro estudio aparecen aquí una vez más: que los formularios deben leerse juntos, porque se sostienen unos a otros, y que los artículos deben interpretarse como un todo narrativo y no por separado. Compare el artículo con la letra precisa de la oración de consagración del Libro de Oración Común de 1662: «Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, que por tu tierna misericordia diste a tu unigénito Hijo Jesucristo para padecer la muerte en la cruz por nuestra redención; quien allí hizo —mediante la única oblación de sí mismo, ofrecida una vez— un sacrificio completo, perfecto y suficiente, oblación y satisfacción por los pecados del mundo entero…». Compare después lo que dicen los artículos sobre el alcance de la expiación del pecado por Cristo en el artículo II («para ser sacrificio no solo por la culpa original, sino también por todos los pecados actuales de los hombres») y en los artículos IX y XV, sobre la distinción entre el pecado original y el pecado actual.

La segunda parte del artículo explica los errores flagrantes de la doctrina de la misa: «el sacerdote ofrecía a Cristo por los vivos y los muertos para obtener el perdón de la pena o de la culpa». Aquí la palabra inglesa pain debe entenderse como «castigo», por el poena del latín: la pena que se paga por una ofensa cometida. La consecuencia de esa doctrina desemboca inevitablemente en cientos de miles de misas, y por eso el artículo las describe en plural, como «fábulas blasfemas y engaños peligrosos». Blasfemas por la forma en que se deshonra a Cristo, y peligrosas en lo pastoral porque al cristiano le resulta imposible la seguridad en la obra de Cristo, ya que todo el peso de la salvación se carga sobre las espaldas del creyente.

Notas

Son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.

  1. En los Cuarenta y Dos Artículos de 1553 era el artículo XXX. Volver al texto (nota del editor E1)

  2. En latín, blasphema no sustituyó a figmenta: se le añadió en 1563 («blasphema figmenta»); en inglés, forged fables pasó a blasphemous fables. Volver al texto (nota del editor E2)

Original: The 39: The Sacraments (7), de Henry Jansma.

Publicado en Place for Truth, de la Alliance of Confessing Evangelicals, el 11 de enero de 2019. Traducción de Anglicanismo.com, publicada con permiso del autor. Las notas del editor son de Anglicanismo.com y no forman parte del original.